Poéticas: la violencia (III)

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Irreductible me creí

hasta que mis desnudeces

sajó el matarife.

Pétreo mi rostro quedó,

sus ojos nadando en súplicas

y el temblor del soldado tonto

que siempre muere

en las películas.

Porque es tendencia respetable,

dialogante y perspicaz;

porque las guerras son transparentes

un meme es la violencia.

Para poder desaparecer

muéstrate haciendo palanca,

con gestitos y palabras,

y muere en el nombre gritado

de cualquier gilipollez.


Infinito y sideral fui,

en el regazo de mi dios.

Una sonrisa nublada,

sobre la sangre el altar.

Algo se detiene

para que continue el cortejo

¡Ah, gloriosos caídos,

cómo os gustaba matar!

Porque es tendencia respetable,

en guerrero y charlatán:

su vestido es un artificio,

la desnudez su verdad.

Pasarás a la historia, hermano,

de muralla inculta quizás,

muriendo mientras esperas

que los necios algo consigan

legislando sobre utopías.

Imagen: Chema Muñoz Rosa (2018) CC BY-NC-ND 2.0

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Poéticas: secretismo (II)

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Ella no podía saberlo,

no había señales para ello

ni en la tierra ni en el cielo,

y aun así asomó su mundo

al que nada pude ofrecer

como incauto complemento.


Ella no podía saberlo,

todavía no existían

ni imágenes ni palabras,

y derramó sobre mí

su nudo giratorio,

inasible línea al filo

de un abismo de sábanas.


Por eso cayeron los muros

de su recta estratagema,

porque cuando ella miraba

divertida mi impaciencia

salté confiado al vacío

coronando su extrañeza.


Luego todo fue amor,

dicen.

Imagen: Chema Muñoz Rosa (2018) © Todos los derechos reservados

Elementos imprescindibles

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La amplitud y variedad de reflexiones que generamos en las redes alrededor de la educación a veces no sirven más que para levantar barricadas, determinar oponentes y señalar vigas en todas partes. O para hacer visibles casos concretos, buenas prácticas, teorizar, citar estudios que apuntalan nuestro punto de vista… y levantar barricadas, determinar oponentes y señalar vigas en todas partes.

Hoy propondremos un ejercicio sencillo, y luego ya nos podremos dedicar a emprender obras arquitectónicas argumentativas que nos permitan encerrarnos bien y tirar la llave por el retrete. La propuesta consiste, simplemente, en tratar de reflexionar un momento sobre cuál es nuestro papel en el centro educativo en el que prestamos nuestros servicios, para después determinar en qué grado consideramos que somos un elemento imprescindible para nuestra comunidad educativa.

Con un poco de tiempo que dediquemos a este intento de análisis, seguramente surgirán un buen montón de preguntas que necesitarán respuestas concretas. ¿Qué es lo que aportamos? ¿En qué ámbitos y espacios? ¿Qué evidencias hay de ello? ¿Cuál es nuestro peso específico dentro de la estructura y el proyecto de nuestro centro educativo? ¿A qué contribuimos, dónde y con quién? ¿Qué impacto efectivo tendría nuestra desaparición en el centro educativo sobre el proyecto que allí se desarrolla?

Además: ¿quién lo dice, señala, manifiesta, comunica, agradece, destaca, o hace sentir? ¿Quién lo critica, complementa, rediseña, apoya, defiende, reconoce, o hace crecer? ¿Quién lo censura, desconoce, ignora, calumnia, dificulta, o deja correr? ¿Dónde comienzan, respectivamente, lo objetivo, lo subjetivo y lo intersubjetivo en una reflexión de este tipo?

Cuando te canses de mirarte a ti mismo, mira a los demás. Y cuando te canses de mirar a los demás, mírate a ti mismo. Por el camino aparecerán los elementos imprescindibles. También en tu escuela.

Imagen: Chema Muñoz Rosa (2013) CC BY NC ND 2.0

Poéticas: el confín (I)

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Vuélvese el hombre hacia sus mitos,

amanerado y medroso astracán,

vomita quedo su decepción

al encontrar imperfecta

la misma carne de siempre

vestida de esputos  y bajeza.

La mortalidad al fin abandona

el patrimonio de los vampiros,

soldados de guerras cotidianas,

desbordados de experiencia

y especialidades muertas

se recuerdan mutuamente

el deber de morir

con dignidad.

Y tanto nos apena vuestra marcha

que levantamos tótems e idearios,

porque vuestra plana ausencia

en tal modo nos castiga

que llenos de orgullo y prejuicio

sacudimos nerviosas las manos

sobando líneas de tiempo

hasta alcanzar el orgasmo.

No nos hacen ya falta más orates,

ni más oscuros augurios se precisan.

Consumados en la hecatumba

Y esculpida la cotidiana bosta

ni siquiera somos capaces

de admirar nuestra sepultura…

¿adónde marchará lo bueno

siempre cubierto de pústulas?

Vuélvese el hombre turbado,

falaz hacia su parentela,

reconoce unos cuerpos extraños,

frentes trianguladas

y chorreantes mareas…

Qué pueda quedar  ya

por aniquilar

entre los bausanes erectos

que se dan matarile en silencio…

Hasta Bruto nos envidia

desde el fondo del averno.

Muros mediáticos

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¿Os acordáis del Monsters of Rock? ¿De esas pilas de pantallas de amplificadores Marshall, esas marabuntas de peludos y peludas acudiendo a la liturgia del rock y el heavy metal? Seguramente se trataba de una forma de hacer la guerra, una forma de conectar a las masas con su más básica razón de ser. La representación sonora del progreso a base de guitarrazos y alaridos. Una forma de vivir y disfrutar que, más que desaparecer, se ha transfigurado. Desde ese muro de sonido y poco más (quizás la hombría rockera, los escrotos esculpidos en los vaqueros y los pantalones de cuero… una estética candidata hoy día a agravante políticamente incorrecto para cualquier juzgado de guardia), hemos pasado ahora a alimentar la amígdala y los jugos gástricos con el muro mediático, y todos y cada uno de nosotros aportamos nuestro amplificador -más o menos potente- para la construcción de esa amalgama de ruido social que no hay espectrómetro que resista. La libertad mediante las cookies.

El latín, como el rock, también ha pasado de moda, lo que provoca un alejamiento del conocimiento de la lengua y una nueva forma de construir y comunicar el pensamiento. Ahora Bruto lleva pendientes en la lengua y en los pezones, aunque no sepa conectar un Big Muff a una BC Rich (y mucho menos conectar ésta a un 4×12). ¿Qué es esto? Nada más que un ejercicio de declinismo. La realidad no pasa de ser un estorbo para llegar más allá, bastante bien soslayable por el mensaje y la manipulación. El que envejece es pesimista, la juventud puede suicidarse por amor y desamor (hay mucho que investigar ahí, subvencionemos). Pero aceptemos al menos lo siguiente: dentro de la ineficiencia de la naturaleza, el ser humano es lo más eficiente (en la creación y en la destrucción), luego no debería sorprendernos que la tecnología y los algoritmos puedan superar con creces esta eficiencia nuestra, dentro de la ineficiencia sistematizada que provoca la coexistencia del orden y el caos. ¿Qué es lo que queremos, mientras nos decidimos a dar el salto? Un ampli. Y cuanto más gordo sea, mejor.

Después de la caída del Muro de Berlín, había mucho que ganar poniendo rumbo hacia el este. Hoy, con la aparente desaparición de límites y fronteras que trajo internet, hay mucho más que ganar que en ningún otro momento de la historia, y la información, su control y su difusión se han convertido en la mejor y más barata manera de hacerlo (nada hay más barato que la deuda Voyager, la inversión a fondo perdido en la posibilidad). Para ello, basta con producir una tormenta sónica continua, hacer que el silencio se nos vuelva insoportable. ¿Para qué mira uno 150 veces al día su fono? Para ver si ha pasado algo. Y es una putada, pero nunca sale que vuelve el Monsters of Rock.

Imagen: Jaakonam, (2008) 3 x 6 stack of Marshall guitar cabinets (the setup of Jeff Hanneman from Slayer) on the Tuska open air metal festival main stage in 2008. CC BY SA 3.0

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Una biblioteca

Granja Escuela... (VII)

De vez en cuando nos asalta la lucidez y rescatamos pequeños hábitos que nos hacen la vida más placentera. Volver a sacarse el carnet de la Red de Bibliotecas Públicas de Andalucía le reconcilia a uno con la lectura, los libros, los espacios y las personas que se encargan de gestionarlos. Y por fuerza natural, ese acto de ir a alguna parte también le hace a uno viajar hacia dentro y recuperar sensaciones olvidadas, tactos, olores, comportamientos y momentos. Porque el acto de leer es precisamente eso, saber quiénes somos en distintos momentos.

Ir a una biblioteca puede hacer tanto por nosotros… Una bonita sorpresa, un sitio donde se prestan y regalan universos y silencios para llevar. En el camino te puedes encontrar tantas claves, señales y códigos de pertenencia al mundo como cuando paseas la mirada sobre los lomos de tantos y tan diferentes caballos repletos de letras que prometen llevarte a lugares insospechados. Pueden haber pasado muchos años o pocos, pero allí siguen, vívidos, como perros inmortales dispuestos a darte mucho a cambio de muy poco, los libros.

Me gusta la biblioteca de mi barrio. Me gusta su espacio. Me gustan sus bibliotecarios. Porque te vuelven a recordar cómo se habla bajito y empleando las palabras justas. La cremallera de la mochila es aquí un sobresalto. Tan sólo hay un puñadito de normas que cabrían holgadamente en el asteroide del Principito. El resto puede que sea la libertad más olvidada del mundo actual. Puedes estar en el mundo o huir del mundo. Puedes vivir o puedes morir. Pero cuando lees, estás tan cerca de ti mismo, del mundo y de la libertad que te da hasta reparo por parecerte que estuvieras en otra parte.

Nunca he dejado ni dejaré de leer. Pero desde que he vuelto a estar en una biblioteca, recuerdo más a menudo que soy libre.

Imagen: Chema Muñoz Rosa (2018) ©Todos los derechos reservados

A la rica teoría

 

El ruido que dejan pasar las puertas abiertas es como el batiburrillo de todas estas reformas educativas que pretenden dejar paso a lo que se supone nuevo, sin cerrar nunca cuestión alguna, por aquello del qué dirán. Salvo capas de voces que se desautorizan unas a otras y terminan mezclándose, al final sólo se escucha un silencio que se va llevando generación tras generación por delante a los mismos, con su diversidad, sus encuestas sociológicas, sus recomendaciones, sus tests, sus gónadas, sus éticas, sus políticas y, al fin, sus vidas.

“Los ideales de razón, ciencia y humanismo necesitan ser defendidos ahora más que nunca, porque sus logros pueden venirse abajo. El progreso no es una cuestión subjetiva. Y esto es sencillo de entender. La mayoría de la gente prefiere vivir a morir. La abundancia a la pobreza. La salud a la enfermedad. La seguridad al peligro. El conocimiento a la ignorancia. La libertad a la tiranía… Todo ello se puede medir y su incremento a lo largo del tiempo es lo que llamamos progreso. Eso es lo que hay que defender”

Steven Pinker, (17/06/18). Entrevista en EL País Semanal. Recuperado de https://elpais.com/elpais/2018/06/07/eps/1528366679_426068.html

Podríamos hablar sobre las cuestiones que nos suelen lanzar en este tipo de casos para que hablemos. De cortes y de drones sonda -los globos estan pasados de moda-, de deseos y frasecitas grandilocuentes. De tribus que educan, y de las setenta mil concreciones con las que aspiramos a que ninguna sensibilidad pueda sentirse agraviada, o aviagrada, que se me antoja mucho más actual. Esas sensibilidades que se levantan de repente exigiendo satisfacción, con los modos decimonónicos de los duelistas caguetas.

Pero yendo al fondo, al lugar por donde corre la sangre esperando a ser desbaratada, lo gracioso es que el timing de la política se haya convertido en el ritmo de nuestras vidas. Y puede que sea por eso por lo que la educación es entendida, concebida, dialogada e interpretada, y legislada como le conviene a los mismos de siempre. Recordemos, los mismos que siguen estando abajo son los mismos que siguen estando arriba, como en la pirámide alimentaria. Todo ayuda a ello. Todos colaboramos. Los mismos de siempre. Llenos de ese entusiasmo inclownfundible que tiene la posesión de la verdad. Todavía me pregunto cómo no se ha hecho la mejor película de terror de la historia con este tema, el de la posesión de la verdad. Quizás no se hayan rodado todavía suficientes guerras.

Cualquier día nos sorprenden con la pregunta: ¿quiere usted ser educado o que sus hijos lo sean? ¿Quiere aspirar a tener criterio? ¿Quiere poder culpar a alguien siempre de todo lo malo que sucede en su vida? ¿Quiere atravesar de lado a lado a su vecino? … Pues tengo aquí una reforma educativa que le va a encantar. Venid a la escuela. Allí os vamos a enseñar a vivir, porque vuestros padrecitos no tienen tiempo para ello. ¡Tomad las riendas de vuestra libertad! ¡No es necesario esperar a tener carnet de conducir para que podáis dirigir vuestras vidas! Porque todos tenemos derecho a existir y demandaremos a todos los cánceres que se interpongan en vuestro camino, a todas las piedras, a todos los principios de la termodinámica.

Cuando ya no quede nadie a quien demandar, le demandaremos a usted, por no haber aprendido nada después de todo este dinero invertido, de todas estas leyes paridas con el sudor y la sangre de todos los que le precedieron (y fueron igualitariamente demandados). Y, al fin, conseguiremos que aprender deje de ser importante, porque nadie querrá hacerlo. Conque mucho ánimo. Pronto quedará una reforma educativa menos para alcanzar el objetivo.


Imágenes: Chema Muñoz Rosa © All rights reserved

La sustancia negativa

 

Hace muchos días que tenía este título puesto para escribir una entrada sobre la negatividad y sus efectos en los procesos cotidianos. Ahora que parece que me decido a abordarla me doy cuenta de que no es hoy un día especialmente negativo para mí -en absoluto-, pero reconozco que sí ha habido altibajos últimamente. Fruslerías grises. Idioteces con canas. Atasquitos y morralla. Y han merecido la pena, como cantaba Jota en singular.

Dice la Wikipedia, sobre el sesgo de negatividad y sobre el concepto de diferenciación negativa, que “la investigación indica que el vocabulario negativo es más rico describiendo experiencias afectivas que el positivo” (Guido Peeters, 1971), lo que tampoco debería resultar sorprendente, aunque normalmente optemos por la supervivencia en lugar de por escribir poemas y canciones para aprovecharnos de ello. La gente triste llama nuestra atención, y a la gente feliz le deseamos que esté triste, que se tuerza un pie o, simplemente, pensamos que nos lo toca con su lozano equilibrio impostado. La de agujeros que habría en la historia del arte si todo hubiera sido positividad. Qué habría sido de The Cure si todo hubiesen sido enamoramientos los viernes.

Los días bajos

He conseguido llegar hasta aquí, que es bastante más de lo que tenía cuando empecé con esta idea. Ahora es temprano, jueves, y esta mañana he pensado que el ser humano pierde la fe cuando tiene que madrugar sin un motivo egoísta. Mientras me lavaba los dientes, he notado que habría que ser bastante imbécil para, siendo egoísta, levantarte de la cama. Un egoísta puro se queda acostado en la cama, tan pancho, si importar lo que haya que hacer. Pero en lugar de eso, nos echamos a la carretera con nuestro rictus  tratando de meter de segunda. Y esta es la verdadera razón que siempre hemos querido saber sobre cómo se generan los atascos (no lean el artículo enlazado porque es mentira; la verdad les acaba de ser revelada hace unos renglones).

Una vez alguien contaba alrededor de unas copas de vino que su abuelo republicano un buen día decidió quedarse metido en la cama para siempre. No estaba enfermo. No estaba triste. ¿Le daría una ataque de lucidez? Quién sabe. Creo que lo único cierto de aquel episodio fueron las copas de vino y que, a lo mejor, el abuelo o la nieta habían visto alguna película de Michel Piccoli que les había causado jonda impresión. Cuando no tiene uno una vida interesante, la mejor forma de llamar la atención es inventársela y, desde luego, cuando se trata de encontrar una razón para salir de la cama por la mañana rige exactamente la misma regla.

Hipótesis

No sé de qué estamos hechos. Supongo que de elementos que se rigen por cuestiones cualitativas y cuantitativas. No sé si un dedo sigue siendo parte de mi yo aunque me lo arranque un cocodrilo. Parece que le pertenece en cualquier caso a mi cerebro, independientemente de donde el dedo esté, transformado en colágeno o lo que sea que necesiten los reptiles para mantener el cutis fantástico pese a las turbiedades fluviales.

Puede que los cuerpos y las mentes no sean más que mezclas variables de sustancias positivas y negativas, que en último término parece lo más lógico para que la existencia se desarrolle de manera equilibrada, entre desequilibrio y desequilibrio, entre pamplina y ladrido, entre orgasmo y depresión. Encuentra, pues, tu sustancia negativa y aprende de ella, porque irá siempre contigo. Es parte de ti.

Imagen: Mask of negativity, by Bart (2009) CC BY NC 2.0

Profes que se tiran pedos

Pedo de neón

Coger un metro y comprobar que el hombre es la medida de todas las cosas es un viaje que, siguiendo la línea de las redes sociales, se ha convertido casi en “El mundo que ella deseaba”, aquel relato de Philip K. Dick en el que Allison acaba siendo expulsada del que creía su mundo por Larry Webster (machismo sci-fi). La historia corta, por lo demás, apunta a otros sitios más recientemente televisados por Amazon, corporación que ya adelantó el propio Dick en otro de sus cuentos… Un visionario, que es lo que no ha habido en el rock and roll desde que Jim Morrison tirara su vida por una bañera (esto sería machismo floridano con plumas de indio).¿Nos dejará la ciencia sin visionarios?

Gente con visión es lo que necesitamos recuperar para el mundo educativo -vamos a centrarnos aquí ya- en estos tiempos teatralizados en todas partes, con “Todo es política” en el encabezamiento y esos claustros y reuniones que, si se grabaran en vídeo, mostrarían que muchas más veces de las que nos imaginamos son dedicadas a justificar nuestro trabajo ante los demás y a que ellos hagan lo propio ante nosotros, que a construir o siquiera imaginar o visualizar escenarios alternativos. No es que haya que irse a dar clase a Alfa-Centauri, ni volver a la cueva de los mamotretos: con que sólo nos ajustáramos a la realidad que se vive en cada contexto (mundo) ya estaríamos dando un paso de gigante. ¿Y ése cuál es? ¿El de Allison o el de Larry Brewster? Quizás un poco del de ambos.

Cuando caerse desde los hombros es caerse desde muy alto

Se cuenta que le dijo por carta Isaac Newton a Robert Hooke: “If I saw further than other men, it was because I stood on the shoulders of giants”. Esta frase con el paso del tiempo se ha interpretado como una fórmula para reconocer que lo lejos que ha llegado uno en un asunto determinado se debe a que ha podido apoyarse en la sabiduría y logros de aquellos que le precedieron (también hay una interpretación más ácida de la sentencia en el artículo enlazado). Agradecimiento, trabajo en equipo, ciencia y dedicación temporal, recogida de testigos. Respeto, escucha, construcción colectiva, empatía y reconocimiento público de lo bueno que tienen los demás. Objetividad. Alteridad. Juego limpio. Puede que sea preferible entre docentes disfrutar más a menudo de decirle a los demás lo que nos gusta de lo que hacen. Porque no puede ser que todo esté mal, sea falso, ingenuo, haga seguidismo neoliberal o provoque que un gatito llore en Singapur cada vez que alguien comparte su trabajo con ilusión en red.

Sin embargo, ¿qué es lo que tenemos en la profesión docente? Una tropa dividida, vociferante y victimizada, como tantas otras, que del talegazo que se ha metido no es más que capaz de hablar de su mundo y de su libro, además de cargar contra cualquier otro libro y mundo. Un tribunal de la innovación, que decide con toneladas de objetividad qué es y qué no es innovación; contraponiendo a ello su propia teoría de la innovación, que no se sabe exactamente si es organización escolar o ideario político -insisto: cuánto daño ha hecho ese casi refranito que es “Todo es política”- Un ideal estiradísimo hasta tal punto que trasciende la misma teoría de la relatividad. Un montón de pequeños mundos que se quieren imponer a nivel global. Una plétora de profes que se tiran pedos que suponen inodoros y sueñan con reescribir pedagógicamente “La historia interminable” para que su reino, como el de los pequeños dioses del pasado, no tenga fin.

Con todo, profes que se tiran pedos, siempre en mi equipo, que hace falta diversidad en la escuela y  que, por ejemplo, los claustros a veces duren lo que tienen que durar. Sobre todo en invierno.

 

Imagen: Fart, de Per Olesen (2009) CC BY-SA 2.0

Hoy va a hacer calor

Hoy va a hacer calor aunque esta brisa igualitaria trate de desmentirlo. A lo lejos las barcas y los veleros trazan triángulos intentando detectar en qué parte del fondo marino está ese trozo de divertimento que perdieron el otro día, mientras el mar de poniente lamía embrutecido los tobillos de sus propietarios tambaleantes. Afortunados los agentes aduaneros que siempre saben  hacia dónde van.

Las golondrinas se pasean despreocupadas porque el calor no les pilla nunca desprevenidas. Las chimeneas y respiraderos, en cambio, se lamentan porque nadie pensó jamás en hacerlos menguantes a voluntad. Siempre parece que están a punto de decirse algo interesante, erguidas y orgullosas como los parlamentarios que esperan que les den las vacaciones. Todo el mundo se cansa, de lo suyo y de lo de los demás. Y mientras tanto respira y, si se puede, enciende fuegos en invierno para poder disfrutar de la destrucción controlada y el calor absorbido. Ya en verano volverá a recordar cuánto es lo que de verdad le sobra.

Un poco más abajo, los toldos hacen el calamar, más o menos agradecidos a sus dueños y sus artrosis. Es un buen negocio el de los toldos. Como casi todos, para haberlo pillado a tiempo. La sombra siempre ha sido y será agradecida, a falta de lo que se escriba en planetas que tengan otros ciclos. Suele decirse que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Podríamos terminar con la asimetría sentenciando que, en cualquier caso, delante o encima de ellos hay en todo caso un gran toldo. Conque disolviendo la tinta que no nos deja ver, queda de manifiesto lo verdaderamente importante, que puede ser más que nada lo que hay en el fondo del mar.

Y al fin, la piscina. Por allí abajo andará, ganándose la confianza de la concurrencia sudorosa. No puede dejarse a las piscinas solas, por eso es en realidad que se contratan socorristas, porque son las personas que mejor las conocen, aunque muchas veces no les echen cuentas, tan pendientes de los bañadores femeninos y de los niños. Cuántas estadísticas nos quedan por hacer. Como la de hoy, que según parece, va a hacer calor.