Las leyes naturales

Hacía muchos años que no leía una novela de un autor español. No me pregunten por qué. Simplemente un día dejé de leer autores de novela españoles -y, en general, novelas- para ocuparme de otro tipo de libros, más orientados al ensayo o la filosofía, y en los que es posible también encontrar poesía y buenas historias si de da con los autores apropiados. Sin embargo, abordar “Ordesa”, de Manuel Vilas, no se hizo nada cuesta arriba porque el paisaje ya sonaba. Así las cosas, se produjo un efecto especial entre el hedor a tierra, sangre y alcohol: es muy difícil sustraerse al influjo de las figuras paterna y materna porque todos somos hijos de alguien. Y el libro crece a partir de ahí, a base de obsesiones, juegos de sombras y mapas de heridas y cicatrices que nadie dice tener pero que todos conocemos.

Creo que no es sencillo escribir un libro así sin tomarse venganzas ni recurrir a trucos fáciles como el sexo, la autoflagelación o el efectismo chabacano. Aquí no hay un ánimo evangelizador -al menos a las claras- sino un juego de magia que no es que transforme la muerte en amor, sino que reconcilia al ser humano con las leyes naturales y le permite contemplar los abismos con la tranquilidad y la mirada seca y brillante que le da a uno la abstinencia de los vicios desgastados. Es un canto a la vida, este “Ordesa”; un canto humilde y alejado de ñoñerías, una puñalada suspendida grácilmente sobre el vacío, como si fuera un pedrusco que viaja por el espacio rumbo al infinito. Es un libro que no termina nunca. Mientras haya alguien vivo, nunca lo hará.

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Sábado de comunidad de aprendizaje

El pasado sábado El Gracia desarrollaba una jornada matinal formativa sobre comunidades de aprendizaje, y allá que nos fuimos un compañero y yo para ver cómo va su aventura transformativa desde que arrancara hace quince años. Creo que podemos decir que va bien, a juzgar por el brillo sostenido que se mantiene en las miradas de las maestras y personas que compartieron sus experiencias con los presentes. Porque, ojo al dato, todo lo que vimos y escuchamos fueron maestras, madres, actrices….mujeres, a excepción de un simpático voluntario que nos contó cómo se enamoró del colegio mientras realizaba sus prácticas universitarias y decidió prolongar su relación con el mismo a través del programa de voluntariado que desarrolla la escuela. Igual todo ello tiene que ver con la trayectoria del proyecto de El Gracia, igual ayuda a mantener ese clima que se respira cuando traspasas la no-valla del cole y te enteras de que es un espacio sin sirenas ni estridencias. Hay en El Gracia un ecosistema que te invade por todas partes, empezando por el aire y terminando por la configuración y decoración de los espacios… Es como jugar a las muñecas dentro de una la misma casa, pero con un aspecto esencial: aquí se juega a enseñar, aprender, colaborar y participar en el entorno. Y se consigue.

Líneas básicas

Vaya por delante que esta entrada no pretende ser una crónica, si no simplemente apuntar los aspectos que me llamaron más la atención durante la mañana del sábado. Nada más empezar pudimos comprobar que la batalla del centro con los espacios sigue viva y se cubre con tesón e inventiva. De este modo nuestro salón de actos para el arranque de la jornada fue la propia entrada al edificio del centro, como podéis comprobar en este tuit de @leonidasarjona:

Este primer tramo fue una mesa cuadradangular -casi siempre son así, no redondas- en la que se dieron orientaciones y se compartieron experiencias y aspectos alrededor de las líneas esenciales del centro, similares a las que delimitan los caminos que transitan otras comunidades de aprendizaje:

  • Organización del voluntariado. El centro tiene una especie de bolsa de trabajo con la que va cubriendo sus necesidades personales para grupos interactivos, tertulias, etc…
  • Charlas con café. Se proponen temáticas determinadas que se tratan en charlas distendidas con un café. Participa cualquier persona que esté interesada.
  • Participación de las familias. Una madre de un alumno compartió sus experiencias vitales alrededor del colegio, cómo dio con él y cómo se embarco en una participación continuada en actividades y espacios del centro (como por ejemplo la biblioteca).
  • Espacios flexibles. Como comentábamos antes, el centro ha ganado espacio en los últimos años, en forma de patio, huerto, jardín, patio para infantil. Pero el edificio que lo acoge sigue siendo pequeño. Estas carencias se suplen con imaginación y flexibilidad en el tratamiento de los espacios y con una consideración esencial: todos los espacios son espacios abiertos.
  • Clima favorable al diálogo. En El Gracia hay cosas simples y sencillas que complementan esa flexibilidad espacial de la que hablamos, contribuyendo a que apetezca comunicarse. El recreo se da con música, hay mesas y sillas (cómodas, ojo) para sentarse, reunirse, trabajar… en los pasillos. Hay sillas cómodas para descansar, leer o ensoñarse. Hay alfombras, hay cuadros pintados por los niños por todas partes, hay pizarras blancas para comunicar en los pasillos. Hay calidez, hay humanidad. Puede que alguno esté pensando, “Bah, que tontería. Eso no es innovar”. Me parece respetable. Pero yo a estas cosas las llamo tonterías esenciales. Y las quisiera en tantos centros como en los que soy capaz de recordar haber trabajado alguna vez.

Talleres

Después de conocernos un poco, el CEP tomó un poco las riendas de la sesión matinal y el personal se dividió en grupos para participar en talleres con temáticas orientadas a este tipo de centros: convivencia positiva, trabajo cooperativo y tertulias dialógicas musicales. Los que elegimos nosotros, de acuerdo con lo que pensábamos que eran nuestros intereses como centro, fueron los relacionados con convivencia y trabajo cooperativo, impartidos por (sí, más mujeres :-)) Macarena Soto y Patricia Santos. Puedo decir que tuve suerte con la elección del segundo (y por lo que me contó mi compañero, lamenté también no poder estar en el primero), porque la verdad es que fue muy interesante y obtuvimos muchas pistas que trasladar al aula en lo que se refiere a trabajo cooperativo, aunque deberán de adaptarse algunas cosas a las peculiaridades de nuestro alumnado. Esto forma parte de la creación del sentido en el proceso de enseñanza, lo que además fue apuntado en alguna ocasión por la ponente: no se trata de que hagas esto, aquello o lo de más allá, sino de que tenga sentido hacerlo en el contexto en que desarrollamos nuestra actividad profesional.

En este sentido, Kanban me pareció una herramienta perita para trabajar en el aula y controlar el desarrollo de procesos de manera compartida. Sí. Es similar a otras muchas cosas, pero nunca lo había vivido tan de cerca y me pareció muy sencillo y estimulante.

Muestra de teatro

El regalo final de este encuentro nos lo entregaron las madres del alumnado que componen el grupo de teatro del cole, que nos representaron en el aula que hace de gimnasio del colegio (espacios de usos múltiples) la obra “Basta ya”, escrita por ellas mismas. Este fue quizás mi momento favorito del día por la importancia que me parece que tienen este tipo de narrativas para mostrar el efectivo poder de transformación que tienen las escuelas que quieren sobre las personas que participan. De veras que fue muy emotivo ver a estas cuatro mujeres comunicando a ras de suelo, con los medios justos y necesarios, con una autenticidad y humanidad que como docentes deberíamos hacer que floreciera por tantas partes que el mundo acabara convertido en una selva.

El espíritu de la obra se centra en la reivindicación serena de la libertad que históricamente han perdido muchas mujeres aplastadas por esa responsabilidad heredada de lo que se supone que debe hacer una mujer en su vida. Pero en el cuadro que representa al colegio El Gracia yo creo que va mucho más alla. Porque muestra el camino que hay después de decir “Basta ya”, y que cuando un grupo de personas se une, cree, invita, comunica, sonríe y comparte es posible que sucedan cosas como las que supongo que pasan en El Gracia todos los días. Y voy a tener que montármelo, sin duda, para ir un día a vivirlo. De momento, solo puedo darles las gracias por invitarnos a poder ir a su casa. Seguro que volveremos.

Escuelas mentoras andaluzas

Comenzábamos esta semana en nuestra escuela recibiendo una comunicación de la Dirección General de Innovación y Formación del Profesorado de la CEJA con una Instrucción referida a un propuesta experimental que recién caída del buzón virtual parece tener un aspecto de lo más esperanzador, a juzgar por los objetivos y términos por los que viene definida. En el marco del III Plan Andaluz de Formación Permanente del Profesorado la propuesta pone el foco en la importancia de la observación profesional y el contacto directo entre profesionales, aulas, escuelas y maneras de hacer.

El espíritu de esta acción formativa abierta a todos los niveles de la enseñanza pública obligatoria andaluza es el de ofrecer oportunidades para estar  y conocer in situ buenas prácticas y modelos formativos , acompañados por los profesionales que los desarrollan en sus centros. Supongo que el arranque de esta experiencia piloto abre un sendero interesante en el que se dan pasos para ofrecer un marco formativo más amplio para el profesorado, incluyendo la posibilidad de beber directamente de la fuente de la inspiración y el buen hacer desarrollado por otros compañeros. Sí. Me parece una gran noticia.

Fases del programa

El desarrollo de la experiencia de las escuelas mentoras se desarrolla en cuatro fases, que corresponden a un ordenamiento lógico de la experiencia para maximizar el impacto y la utilidad del tiempo y esfuerzos empleados en ella. Al mismo tiempo, apuesta por la transferencia experimental de prácticas intercentros y por una evaluación del proceso desde diferentes puntos de vista:

  1. En un primer momento, se efectúa una sesión formativa presencial en la que se recibe información básica sobre procesos de observación profesional para preparar la posterior visita pedagógica al centro mentor.
  2. Después se realiza la visita al centro elegido, que puede se realizada hasta por cuatro centros que estén interesados en conocer de primera mano cómo se desarrollan sus enseñanzas (dos profesionales por centro).
  3. Posteriormente, se trabaja implementando la práctica observada en el centro visitante, de manera que se pueda producir una transferencia de lo observado a otro contexto de intervención.
  4. Para finalizar tiene lugar una sesión de intercambio donde se puede analizar el proceso en su totalidad y validar su impacto real en la práctica docente.

Esto concluiría con el proceso formal de comunicación y práctica que ofrece el diseño experimental, pero también puede significar la creación de lazos posteriores entre profesionales y centros, de manera que la colaboración y la transferencia de información e iniciativas diversas pueda tener un recorrido más largo.

Objetivos

Los objetivos del programa de Escuelas mentoras son, y transcribo literalmente lo que se puede leer en la Instrucción:

  • Dar visibilidad a buenas prácticas educativas realizadas en los centros educativos que sirvan de referencia a otros centros, en cuyo proyecto educativo se plantean la innovación en metodologías y dinámicas de aula.
  • Potenciar nuevos espacios de encuentros formativos y educativos plenamente vinculados a los contextos reales de aprendizaje.
  • Impulsar la innovación metodológica a través de la observación directa y la puesta en práctica de lo observado.
  • Fomentar en el profesorado el análisis, la reflexión y la investigación de su práctica profesional.
  • Establecer vías de comunicación y conexión entre el profesorado de diferentes centros educativos creando redes profesionales en torno a líneas educativas prioritarias.
  • Fomentar el conocimiento compartido, el aprendizaje entre iguales y el trabajo colaborativo entre el profesorado de diferentes centros.

Como podéis comprobar, parece todo bastante razonable y alentador. Por lo que si queréis ser centro visitante planteadlo en vuestro centro educativo (only Andalucía) para mover todo lo necesario antes del día 19 (sí, la fecha es un poco apretujadilla de acuerdo con el momento actual en los centros… ¿pero cuándo no lo es?). No es perfecto, no es la panacea, acaba de arrancar, se supone que mejorará con el tiempo y con lo que los docentes y centros podamos ir aportando… Y en momentos críticos, hipercríticos y negativistas, creo que Escuelas mentoras en un soplo de aire fresco en el panorama formativo docente. Eso sí: hay que moverse. Os animo a que lo hagáis.

(Normativa asociada)

Imagen: Astronaut candidates light a fire (NASA on The Commons) Uso libre

Para qué sirve Twitter (a voces)

Mi historia personal con Twitter es como la de muchas otras personas. En un primer momento instalé la aplicación en el fono y la borré al poco tiempo porque no terminaba de entender la interfaz, su manejo y, fundamentalmente, porque no tenía nada que hacer con ella a parte de tuitear idioteces. Esto último puede volver aparecer posteriormente en esta entrada, porque las razones vitales de las personas son muy diversas y han de ser apreciadas en sus correspondientes contextos. Pero saquemos ya de este arranque una idea esencial de esto de Twitter, que también sirve para cualquier aplicación de carácter social: el valor que puede tener una aplicación para ti está directamente relacionado con lo que quieres hacer con ella y el grado en que lo consigues.

A partir de este punto pueden suceder muchas cosas. Aquí las vamos a tratar de recopilar sin orden, exhaustividad, ni concierto. La lógica aparente que puedas encontrar es la que quieras. Esto pretende ser como tu timeline, una carretera remota en la que se puede cruzar cualquier cosa -si es que eres de followeo alegre- o en la que jamás verás un tuit que te contraríe porque tienes una configuración muy depurada y tendente al pensamiento único.

Tengo una arroba ya ¿Ahora qué hago?

El tiempo, el momento y el lugar lo son todo en las redes sociales. Cuándo llegaste, cuánto tiempo estás, dónde estás y lo que pasa cuando estás. Para poder soportar un peso de semejante concentración atómica es recomendable que, antes de empezar a cambiar el mundo, te respondas estas dos sencillas preguntas: ¿soy persona? y (muy importante) ¿voy a hablar de política en Twitter? (vamos, hablar…). Luego hay otras cuestiones que nos parecen importantes para tener un futuro exitoso en la red del pajarito, como por ejemplo:

  • ¿Polarizo, integro, me da igual todo o vivo rodeado de tablas de verdad rellenables y/o ejecutables?
  • ¿Necesito una estrategia de comunicación que integre varias redes?
  • ¿Qué?
  • ¿Que si necesitas una estrategia que integre varias redes?
  • Hum… No. Mejor que polarice. Aunque verdaderamente me da un poco igual.

Como veis, no es nada sencillo decidir qué clase de pájaro queremos ser, así que vamos a daros el mejor consejo, alineándonos con la altura del debate político español actual. Y es por ello que lo primero que os recomendamos que hagáis una vez tengáis vuestra arroba es que os pongáis a tuitear. Total, siempre vas a poder borrar alguna de las idioteces que escribas salvo que topes con algún censor o censora de la libertad de expresión que te haga partícipe de juicios virtuales antes de que disfrutes de los reales.

“Twitter sirve para practicar nuestra libertad de expresión” (Nosequien, circa dos mil algo)

Esta manera de verlo pone el acento en nosotros, en nuestra voz. La voz es una facultad personal variable, practicable e influenciable que históricamente nos ha deparado personas, sensaciones y situaciones  tan dispares como las ligadas a Billie Holiday, Adolfo Hitler o Amaia de #OT. ¿Por qué tuvo que aparecer Hitler? Porque alguien le dio voz. ¿Quién giraría su silla colorada para tenerlo en su equipo? Probablemente Antonio Orozco. Pero, retornando a lo esencial, colocar el acento exclusivamente en nosotros en un lugar como Twitter puede que nos haga perder la perspectiva rápidamente. Es por ello que os volvemos a recomendar cosas útiles, prácticas y que os pueden ayudar a empezar a tener más claro lo que queréis tuitear o programar para que lo haga mientras os dedicáis a actividades más placenteras como ir a una manifestación:

  • No te lances locamente a seguir para que te sigan si no quieres que tu timeline se convierta en la Semana Santa de Málaga el día que sale El Cautivo.
  • Dedica una parte del tiempo que pasas en Twitter a leer lo que publican los demás (enlaces incluidos, por supuesto).
  • No tengas prisa, sobre todo por publicar algo. Sí. Hemos dicho antes que “el tiempo, el momento y el lugar lo son todo en las redes sociales. Cuándo llegaste, cuánto tiempo estás, dónde estás y lo que pasa cuando estás.” Y eso también incluye lo que sucede después de cometer alguna estupidez en nombre de, por ejemplo, la libertad de expresión. Si te cuesta visualizarlo, imagina que Twitter es como un cuchillo que tienes en el cajón de la cocina. Puede ser un cuchillo para cortar papas o puede ser un arma blanca con la que arruinar tu vida o la de alguien (#PesimismoGagá mode off)
  • Evalua cuidadosamente a las personas que sigues. Puede que algún día tengas que denunciarlas. Desconfía de las personas que opinan de manera mesurada y no ponen GIFs nunca en sus mensajes. Aquí no hay lugar para las medias tintas.
  • “El que calla otorga”. Aunque pueda haberse ido al baño, se haya quedado sin batería, haya tenido un derrame de vergüenza ajena o mil novecientas ochenta y cuatro cosas más. No dejes pasar la ocasión, tuitéalo y gana el debate (o lo que sea).

“Me forré en Twitter” (una, el otro día)

Los milagros económicos acaecidos en la historia de la red están relacionados con el mantra que os estamos vendiendo: el tiempo, el momento, tatatatá… Los relacionados con la comunicación directa y global entre las personas, mucho más. Sí. Es triste. El azar forma parte de la existencia. Tú que lo tenías todo listo (red, logo, servidores, cuatro amigos dispuestos a palmar pasta, etc…). Un nombre potente: “Alondra”. Un plan de monetización. Un par de amigos abogados por si algo salía mal en el arranque… ¿Qué podía salir mal? Que a Obvious Corporation -detalle que me parece delicioso- se le había ocurrido antes, e incluso había tenido tiempo de fracasar un poquitín. ¿Quieres ganar pasta con Twitter? Hazte influenciador-influencer. ¿Cómo? No lo sabemos. Pon “quiero ser influencer” en tu buscador favorito e investiga. Vamos a terminar ya.

Suele leerse -también en Twitter- que todo es política en este mundo. Puede que sí, puede que no. Puede que en el ámbito teórico. Puede que en el ámbito práctico. Puede que un rato. Puede que todo el tiempo. Puede que nada en absoluto. Puede que no sea más que una oquedad. Así que vamos a terminar agregando otra: todo en el mundo es publicidad. Voy a tuitearlo y ahora vuelvo.

La vida subsidiada

El martes 12 de febrero pasaron en La2 este fabuloso documental que podéis volver  ver acá: Un mundo sin trabajo. A grandes rasgos se ocupa de echar una ojeada a este presente en el que la tecnología está acabando con el trabajo y el sentido social y económico que le venimos dando desde la época de la revolución industrial -la clásica, la que estudiábamos en el colegio los que ahora somos cuarentones-, atendiendo a determinados aspectos y al impacto e importancia que tienen en nuestra vida actual los algoritmos, la recopilación de datos, la robótica y la inteligencia artificial. Todo ello empaquetado en una producción audiovisual francesa que hace que te preguntes una vez más por qué todavía aquí el personal sigue flipando con programas como Salvados.

Un mundo sin trabajo es una realidad que se empieza a tratar de comprender al poco de iniciarse el documental cuando Daniela Cerqui constata la inversión de la lógica del sistema de producción del capital señalando que el ser humano se ha convertido en una variable ajustable más entre las muchas otras que se disponen a lo largo del proceso productivo:

“Las máquinas se han vuelto prioritarias y el humano es percibido como el grano de arena que podría hacer que todo el sistema fallara”

Después hay mucho más, y os invito a que si podéis le echéis un rato pero con papel y algo con lo que anotar, porque hay hechos, opiniones y muchas claves que se pueden tratar en casa y en la escuela. Creo que es algo sobre lo que debemos reflexionar en cuanto a factor de riesgo y oportunidad, y como ejercicio de búsqueda de esa verdad y práctica social que debemos encontrar si efectivamente no queremos que la tecnología y la velocidad se nos lleven por delante.

Nosotros, ellos y sus futuros

Ayer pensaba en los años que me quedan en la hipotética carrera hacia el retiro, con el vértigo que siempre produce tomarse este tipo de licencias de las que nada entienden el azar, el destino, la cábala o el desatino. Siempre he dicho que no me veo toda mi vida trabajando como maestro -puede ser una visión, o acaso un espejismo- pero supongo que aunque me venciera o enrocara podría alcanzar esa meta parcial de levantarme todos los días del resto de mi vida a la hora que aproximadamente quisiera. Sin embargo, pienso en mis hijos y entiendo que se encuentran al principio de un viaje que va a requerir unas alforjas mucho más camaleónicas, salvo que sus anhelos profesionales tengan relación con ámbitos, espacios y necesidades personales muy determinadas (y también en ese caso, pues supondría que son muy buenos haciendo algo o van a contracorriente, para lo cual no sirve hacer o replicar lo que todo el mundo hace o replica). A pesar de la incertidumbre, lo mejor que siento que puedo desear enseñarles es que nunca pierdan las ganas de aprender ni de superarse haciendo cosas. Y lo que me parece claro es que o encontramos un equilibrio entre cómo queremos vivir y el mundo en el que vivimos,  gestionando positivamente la dualidad trabajo-existencia, o no seremos personas felices.

El presente y el futuro son más paradójicos que nunca, hasta el punto en que cualquier posicionamiento llevado al extremo puede volverse en nuestra contra como especie. Por encima de esas posturas debemos entender algo esencial: el progreso siempre ha terminado acabando con el mundo como lo conocíamos hasta entonces y empuja al hombre a descubrir qué hay más allá de la luz. Es cierto que en esta ocasión parece que ese progreso, una vez más, puede llevarse por delante muchas esencias, muchas historias, muchas creencias y a muchas personas; pero volver al pasado, abandonar la tecnología y abrazar solo a los árboles no parece ser una opción. Retomando el equilibrio del que hablábamos antes, puede que lo encontremos laboral y personalmente en dedicarnos a algo con un impacto social. Es este sentido el que emerge como una de las alternativas más claras que se plantean en el documental a partir de un polémico constructo: la renta básica como nuevo derecho civil.

Toma. Este es tu tiempo. Haz buen uso de él

Bernard Stiegler y Guy Standing se posicionan claramente a favor de la creación de una renta básica que estaría enmarcada en una nueva manera de construcción económica y social, caracterizada por la redistribución global de la riqueza y un uso de los beneficios económicos dirigido esencialmente a actividades con impacto social que enriquecieran el conocimiento colectivo y nos permitieran, como apuntan otras opiniones, desrobotizarnos a través de la robotización y poder ser más creativos con todo ese tiempo que nos va a otorgar la desaparición de tanto trabajo.

De momento la idea se está probando en los Países Bajos y en Finlandia, aunque dirigida principalmente a personas desempleadas. Es probable que a lo largo de este año se publiquen conclusiones relevantes al respecto de manera que se pueda escalar una propuesta que incluya a sectores más amplios de población, independientemente de que trabajen o no; tarea que se antoja titánica en lo que a variables a tener en cuenta se refiere para otorgar una cantidad de dinero x a la toda gente a cambio de nada, que es el espíritu último del proceso. No negaré que en un primer momento es una idea que puede parecernos bastante loca. ¿Pero no es más loco -y sobre todo deshumanizador- despedir al 50% de los trabajadores de determinados sectores y condenarlos a la desaparición? Porque no nos engañemos, la gente que vive en tiendas de campaña, en un momento determinado, desaparece aunque todavía esté ahí. ¿Y si la utopía, como apunta Guy Standing, no fuera la renta básica sino el pleno empleo en el siglo XXI?

Lo que puede aportar la educación

El trabajo de Jerome Choain es una pequeña muestra final de lo que la educación puede hacer al respecto del necesario empoderamiento que precisan las personas para acceder a la tecnología, las interfaces digitales y poder ejercer su ciudadanía con la máxima independencia, por encima de que sean millennials o centenarians. Su Universidad Popular Abierta y dedicada a la tecnología digital indica algunas de las claves que no podemos dejar pasar desde la escuela: la alfabetización digital, la alfabetización mediática, cultivar valores sociales, comunitarios y de convivencia, desarrollar la empatía, dedicar nuestro saber a mejorar la vida de los demás… Construir un nuevo mundo en el que uno sienta que el tiempo y el esfuerzo que emplea en hacer cosas no es trabajo porque hemos conseguido romper con la tradición y las correspondencias inherentes al capitalismo. Construir un nuevo mundo en el que si es tu deseo siempre puedas saber más. Construir un nuevo mundo en el que nuestro tiempo nos sea devuelto. Quizás a partir de esa vivencia podamos empezar a cambiar otras muchas miradas, pensamientos y sensaciones sobre la existencia que ya consideramos como inmutables y necesarias. No sé si será posible. Pero desde la educación no podemos negarnos a intentar mostrarlo como una opción, dando pasos en esa dirección.

Imagen#2: Basic income, Marc van der Chijs (2016) CC BY-ND 2.0

En busca del MOOC perdido

Hace unas semanas leí en EdSurge un estupendo artículo de Dhawal Shah, el creador de Class Central, un sitio para seguir la pista a los MOOCs desde su primer salto al ecosistema mediático. Si de uno u otro modo formaste parte del arranque de toda esta vorágine seguramente te parecerá que fue hace ya mucho tiempo, y que algunas cosas se han quedado en el camino. Quizás los MOOCs no han terminado de ser lo que sus creadores pensaban, ni muchas de las personas que los disfrutamos esperábamos. Estas jugadas del apasionamiento siempre se atemperan cuando chocan con la realidad, cuando su sustrato trata de ser redirigido por los sistemas de desarrollo de las políticas educativas y formativas o por los intereses de mercado y entonces, pasado un tiempo, la película ha cambiado y el espectador se encuentra en un momento determinado de la narrativa que se genera en tiempo real. Aquella historia que era tan atrayente y que probablemente se cruzaba con nuestra historia personal de un modo especial, de repente dejaba de tener sentido; o se iba enmarañando y perdía el foco de nuestra atención. Es en esta encrucijada en la que el autor del artículo trata de ofrecer un camino hacia delante (The Mooc Semester) que, en realidad, es una vuelta hacia atrás en busca de lo bueno que todos podríamos querer, una suerte de modelo blended en el que se recuperaran tanto la efervescencia experiencial para los participantes, como el aspecto alternativo en lo que a posibilidades formativas se refiere. Todo ello sin olvidar la rentabilidad, ya que enseñar parece seguir siendo igual de costoso que aprender, así como la gratuidad sinónimo de libertad.

El modelo MOOC tenía que acabar siendo rentable, y eso fue modificando su concepción y el diseño instruccional de los cursos, de manera que hoy día los MOOCs tienen otro aspecto y, en este sentido y como defiende Shah, para volver a ser apasionantes quizás deberían recuperar la M de Masivos y, fundamentalmente, un desarrollo más síncrono y en el que los espacios sociales y de comunicación entre las personas participantes tuvieran un peso específico a la altura de la experiencia y de lo que los participantes esperan y ponen en juego a la hora de embarcarse en ellos. Porque si algún vez has hecho un MOOC, creo que es probable que lo que más te haya gustado sea la interacción con las personas, con los organizadores y con los asistentes. Esa sensación comunitaria que hace que saques lo mejor de ti aunque estés haciendo un curso gratuito, que puede no darte ningún certificado oficial, que te quita un tiempo personal y profesional que estás dispuesto a dejar correr en esta dirección. Me refiero a esa sensación que tiene uno cuando está jugando o, por volver a la metáfora transversal, cuando está participando en la construcción de una buena historia. Esa sensación de descubrimiento compartido que, además, puede transformarse en una nueva historia personal y profesional. Algo que, de un modo u otro, aparece en tu vida para transformarla.

Nuevos enfoques centrados en el tiempo

Tras el auge de las plataformas masivas ligadas a la experimentación educativa, a instituciones y universidades públicas y privadas, y a empresas del ámbito tecnológico de todo el mundo, cada cual acabó contando el cuento a su manera buscando un horizonte sostenible que permitiera enseñar de un modo masivo, social, significativo, personalizado y acreditable. De este modo se adaptaron los tiempos de desarrollo de los cursos configurando un paisaje compuesto por experiencias con contenidos contrastados, estables y accesibles en cualquier momento, y manteniendo una especie de temporada MOOC en la que iban apareciendo nuevos fichajes, al dictado de las encuestas a participantes, las necesidades formativas, las tendencias y, en definitiva, al Big Data relacionado con el universo formativo a distancia.

Por otra parte, los MOOCs siguen considerándose como una pieza esencial en el presente y el futuro de la formación universitaria de acuerdo con las directrices y objetivos de The European Mooc Consortium, que recientemente ha emitido un comunicado referente a la integración de los MOOCs en el proceso de Bolonia, señalando dos focos de mejora como son la evaluación de las experiencias y la importancia de apoyar un sistema de reconocimiento de logros que permita la oficialización de las credenciales formativas que estos cursos otorgan. Desde luego, como se comenta en el inicio del documento y hemos podido leer ya en más de una ocasión, los MOOCs han venido para quedarse y el interés en su diseño y desarrollo sigue muy vivo en multitud de espacios virtuales patrocinados por diferentes instituciones. No vamos a referirnos aquí a todas las plataformas que continúan actuando habitualmente en nuestras pantallas, pero sí específicamente a iniciativas como las de INTEF-EducaLab que sí suponen cambios de enfoque concretos sobre una de las variables principales de los MOOCs: el tiempo.

La apuesta principal de INTEF-Educalab se centra en el marco DigComp 2.0 y en la oferta formativa para cualquier perfil profesional, aunque especialmente para aquellos que están relacionados con la educación. La variante que presentan sus NOOCs y SPOOCs es la de ofrecer experiencias formativas relámpago que suponen una inversión de tiempo relativamente baja para las personas participantes, centrándose en temáticas, competencias y cuestiones concretas. En cualquier caso, el itinerario de las mismas es completo, alcanzando el summum de la inmediatez con la batería de EduPills dirigidas a dispositivos móviles. Estos diseños instruccionales ofrecen una economía formativa compartimentada que puede beneficiar a un sector amplio de profesionales modernos y acostumbrados a lidiar con la tecnología, o lo que viene a ser lo mismo, personas que sienten y viven la falta de tiempo para perfeccionarse profesionalmente. Sin embargo, si nos paramos a reflexionarlo un momento parece claro que la socialización es una parcela que queda algo relegada bajo este enfoque, tan centrado en la individualización y adaptabilidad de los procesos que casi contribuye a impedir de manera involuntaria la generación de comunidades de práctica y aprendizaje que sobrevivan en el tiempo y contribuyan a enriquecer a cada uno de los nodos que las componen. No hay una solución simple puesto que renunciar al uso de la tecnología para la formación a distancia no es una opción.

¿El calentamiento global de la red?

El conflicto espacio-temporal que afecta a los entornos virtuales de aprendizaje y socialización del individuo, podría ser leído también como capítulo de un libro sobre los efectos extraños y generalizados de nuestros usos actuales del tiempo, así como de las  experiencias que tenemos del mismo cuando estamos -y no estamos- en la red. La sobreabundancia de información ha trazado caminos paralelos para una carrera formativa sin fin, una deformación del lifelong learning que hace que el aprendizaje (también) se convierta en objeto de consumo y disfrute estético siguiendo los mecanismos de los que se habla en “La estetización del mundo: vivir en la era del capitalismo artístico” (2015), de Gilles Lipovetsky y Jean Serroy. La propia mercadotecnia del capitalismo provoca que las corrientes comunicativas ligadas a la educación se empiecen a cargar también de emociones, que a efectos prácticos sirven lo mismo para vendernos un coche que un curso en línea. Sin embargo, es indiscutible que los seres humanos pensamos, nos comunicamos, aprendemos y nos emocionamos, y que cuando nos encontramos en espacios en los que todas estas facultades se pueden desarrollar las experiencias de aprendizaje cobran un valor especial para las personas involucradas en ellas.

Los MOOCs y sus maneras de ser vivenciados no han escapado a este probable calentamiento, ni escapan a la emergente saturación videoemocional que galvaniza la red, por lo que es preciso encontrar propuestas que aborden ese aspecto social y memorable que parece haberse esfumado para muchos de las plataformas de aprendizaje mediadas por la tecnología. Al igual que algunas instituciones han sido capaces de intervenir sobre algunas variables como las referidas anteriormente, y por ello vienen ofreciendo respuestas concretas a las necesidades de tiempo de una parte de los participantes en formaciones virtuales, quizás sea tiempo de tratar de empezar a contar otras historias.

La narrativa de los MOOCs

Vamos ahora a cerrar los ojos un momento, a relajarnos y a trasladarnos al momento álgido de los cursos masivos y abiertos en línea… Presentaciones, foros, vídeos, herramientas, hashtags, tareas, artefactos digitales, hangouts, encuestas, certificados, insignias… Momentos, conexiones, descubrimientos, aprendizajes, personas, comunidades, proyectos, sueños, realidades… ¿Cómo los recordamos? ¿Qué fue lo que vivimos y aprendimos? ¿Con qué intensidad nos sentíamos partícipes de la experiencia? ¿A quiénes conocimos? ¿Qué nos desanimaba? ¿Qué nos impulsaba a seguir hacia delante? ¿Qué era lo que nos hacía seguir buscando? ¿Por qué queríamos aprender?… Todo ello configura nuestra historia personal con los MOOCs y se escribió a partir del diseño de partida para cada caso y de lo que sucedió en cada ocasión, en cada lugar y entre diferentes personas; aunque es bien cierto que era bastante corriente encontrarte con bastantes caras conocidas en tu viaje de MOOC en MOOC, lo que en cierto modo también jugaba a favor de la creación de una historia común, un valor común, una emoción común. De estar sentados alrededor del fuego habíamos pasado a estar sentados alrededor del MOOC. Y mientras duraba, el curso podía ser como estar leyendo el mismo libro, viendo la misma serie, yendo a los mismos bares a tomar un moocafé… Lo que sucedía al fin y al cabo era que la experiencia se volvía trascendente… Lo real y lo virtual se transformaban en lo real… Ahora, cuando vuelvas a abrir los ojos, quizás te encuentres sonriendo, aunque sea sólo un poquito…

Esta forma de traspasar los límites de la plataforma que comenzó a vivirse en algunos MOOCs, y en la que tuvo un papel determinante el entusiasmo de las personas que participaban en ellos, puede que tenga algo de transmedia. Espero que al escribirlo no haya muerto ningún pajarito de Angry Birds como apunta Carlos A. Scolari en este otro fabuloso artículo sobre la situación actual del concepto y el futuro que vislumbra el autor: el diseño narrativo. De la lectura de Scolari se desprende una conexión que puede ser interesante y que puede animar a los desarrolladores de experiencias formativas en línea a experimentar con el diseño narrativo aplicado al tradicional enfoque instruccional de los MOOCs, en busca de esa complicidad perdida, de ese tesoro que es el valor de la comunidad para aprender y para generar conocimiento.

Más allá de los MOOCs sobre digital storytelling y de las narrativas digitales aplicadas al aula, se trataría de armar una estructura narrativa que lanzara un curso masivo, empleando para ello lo que nos pudiera ofrecer el diseño narrativo aplicado en otros ámbitos. Quizás uno de los problemas con los MOOCs sea que cada vez son más cursos, o que los vivimos y los queremos así. Quizás sólo los queramos para formarnos, y punto. Yo creo que podemos conseguir que se parezcan más a una serie, a un videojuego, a una saga de novelas, a una película, a un documental, o a cualquier otra realidad compartida en la que los participantes puedan estar inmersos, interpretando y reinterpretando, compartiendo, creando y transformando la experiencia en algo que forme parte de su historia personal y de la del resto de personas que deciden estar ahí. Porque estoy seguro de que hay personas que disfrutarían mucho de este tipo de historia. La historia del MOOC que nos hace hablar de aprendizaje y emociones.

 

(Esta entrada se publicó originalmente en el blog de Conecta13 el 8/01/2018)

El pesimismo gagá

Hay muchas maneras de tomarse la vida pero normalmente tendemos a reducirlas por simplificación ya que estas economías son las que nos la hacen más llevadera. De este modo solemos distinguir entre personas optimistas y pesimistas, que bien podría quedar todavía más claro y globalizador diciendo que existen dos tipos de seres humanos: los que tienden a la positividad y los que tienden a la negatividad, los que se quedan mirando el vaso y los que se lo beben y luego ya veremos. Ubicarse en uno u otro lugar respecto a los vasos es un ejercicio de libertad que, precisamente, define con él nuestra forma de interpretarla, vivirla y hacerla vivir. De este modo, resulta especialmente difícil mantenerse firme en el más o en el menos y lo más sano es dar bandazos al cabo del día pero teniendo claro que una cosa es la realidad, otra la realidad que vivimos y otra la que quisiéramos (y volvemos a simplificar, que no queremos dar exceso de cuerda y que a alguno le puedan asaltar pensamientos negativos). En ese futuro indefinido es en el que se proyecta el contenido del vaso, o el espacio que deja después de bebérselo. Allí es donde habrá que ir a abrevar para volver a excitar nuestra sed. Y de trago en trago, vamos viviendo.

Stay thirsty, stay foolish

Parafraseando al Sabio Jobs y cambiando de vehículo relacionado con la función de nutrición, alguien tiene que encargarse de beberse todo esto y, además, darle la pizca necesaria de chifladura a la vida como para que no nos entren ganas de leer muy de seguido libros de autoayuda, que resumidos vienen a significar que lo verdaderamente importante es que independientemente de que nos dediquemos a matar pollos o a intentar ganar concursos televisivos de música o talento, lo esencial es encontrar la regularidad y vivirlo lo mejor posible. En caso contrario, con el paso de los años, empezaremos a vislumbrar tormentas que asoman por las montañas. Se nos pondrá cara de Sarah Connor y empezaremos a ver nada más que fantasmas por todas partes hasta el punto de que nos sorprenderá que Íker Jiménez no nos envíe un MP por Twitter para solicitar nuestra colaboración en su programa. Es en ese momento en el que hay que ponerse en manos de especialistas sin mayor dilación ni aspaviento. Si no lo hacemos nos arriesgamos a perder a gran velocidad nuestra capacidad para observar y disfrutar positivamente de la vida, y en nombre de la verdad, lo que creemos que es la verdad y lo que nos gustaría que fuese la verdad, nos hallaremos diciendo y haciendo todo tipo de cosas en la red, con el peligro añadido que ello tiene. Tú no lo mereces. Tu familia y amigos no lo merecen. Y al final no creas que a nadie le importa. Conque si te hace feliz, adelante con ello, pero que no se note mucho que te hace feliz, que tienes una reputación que mantener.

La red pesimista te necesita para obrar el lilagro

Después de veintiún siglos ha llegado el momento de la verdad, del cambio, de la Tierra, de las ensaladas de emociones, de la horizontalidad activa, del salpimenterío identitario, de que derribemos por derribar, de que regularicemos por regularizar, de que trabajemos por el placer de trabajar. Dejadme que os cuente cómo se obrará este lilagro porque os va a sonar tanto que os va a parecer que lo lleváis escuchando toda la vida, desde las oscuridades acuáticas de vuestra primera morada materna, quien sabe si aquí, en Matrix o en un programa de MediaPro. Lo primero de todo es entender y dar a entender que todo está mal. ¿Todo? Todo ¿Pero no hay nada que esté ni siquiera medio bien? No. Nada ¿Entonces, si fuera como un vaso…? Está vacío, y si nos apuran mucho, decimos que no hay vaso. ¡Señor/a, sí señor/a!

El espacio esencial para el desarrollo y la culminación de nuestra obra será el de las RRSS. Muy importante señalar a personas que estén especialmente felices pues son las más falsas de todas y las más contaminantes. Nada lo suficientemente serio puede ser divertido. Qué es divertido y qué no lo es, lo decidimos nosotros y nosotras. Dentro de lo divertido, estableceremos un sistema de clasificación sencillo: lo divertido-serio y lo serio-serio. Porque lo serio tiene validez, autenticidad y es replicable en cualquier lugar del mundo en el que las cosas estén mal, esto es, en cualquier lugar del mundo. Máxima esencial: si está feliz, desconfía. Si es divertido, no es serio mientras no se reciba autorización para declararlo serio. ¿Sencillo, verdad?

¿Dónde puedo inscribirme?

Si ya lo tienes claro, hazte visible en RRSS con el hashtag #PesimismoGagá e identifica usuarios/as y prácticas de #PesimismoGagá para mostrar nuestro músculo negativo a la sociedad y continuar trabajando para erradicar la positividad del mundo, tan nefasta para la construcción de un futuro mejor como los radicales libres. Te esperamos con los brazos cruzados y con el ceño fruncido. No nos decepciones. El mundo puede ser un lugar peor todavía. Hagámoslo posible juntos y juntas.

El mito del pacto educativo

Las personas crecemos acompañadas por una serie de conceptos y necesidades incunables que parece que siempre hubieran estado ahí como el dinosaurio de Augusto Monterroso. Uno se levanta y ahí están el bicho prehistórico, Jordi Hurtado, la movida madrileña, los programas televisivos que pretenden hacernos creer que cualquier tiempo pasado fue mejor -aun cuando en origen seguramente apuesten por tratar de hacernos ver todo lo que hemos avanzado social y capitalistamente en España- y mi favorito de hoy, por pura deformación profesional: el pacto educativo.

El pacto educativo es la madre de todos los pactos. Es justo y necesario. No tiene nada que ver con urdir un plan para asaltar un banco definitivamente empujados por la necesidad. Es algo razonable y lógico. ¿Por qué no poner de acuerdo a los principales agentes educativos que no son otros que los docentes, las familias, el alumnado, los políticos, la sociedad y los medios? ¿Los medios? ¿Pero qué pintan los medios aquí? Mucho debieran pintar, porque son puente entre todos estos agentes y hacen más o menos visibles las acciones educativas, proponiendo modelos a seguir y evaluando mediáticamente lo que resulta interesante mostrar para los intereses de según quiénes.

Teatro de operaciones

En el mundo actual las reuniones de las altas esferas son similares a las quedadas familiares en casas rurales, es decir, solo sirven para que la gente se vea las caras, cuente chistes y consuma ricas viandas y caldos mientras se vuelve a contar los mismos chistes y pasa revista a su pasado más actual. Está todo decidido de antemano y simplemente se va a figurar. El mundo necesita que los rituales se sigan desarrollando porque le aportan sentido y fronteras. Tenemos que asegurarnos, por si Elias Canetti tenía razón:

Sin darnos cuenta, toda la humanidad abandonó de repente la realidad; todo lo que ocurrió a partir de ese momento se supone que era mentira; pero se supone que no nos dimos cuenta. La tarea a emprender ahora sería la de encontrar ese momento, pero mientras no lo tengamos, estaremos obligados a soportar nuestra destrucción actual (Elias Canetti Simulacro, 1)

De este modo el tiempo pasa y la escuela y sus responsables disimulan sus problemas gracias a flamboyantes obras de teatro de fin de curso, narrativas digitales paridas y amamantadas por las quijotesas y los quijotes de la educación, que son quienes verdaderamente heredarán el vacío y la responsabilidad de mantenerlo suficientemente emocionado. Ellos son lo  lo mejor de lo mejor en educación actual, pues son los únicos que no están todo el santo día señalando a los culpables de sus problemas  entre los entes y las personas sino que están haciendo cosas. No deberían ser tomados por la orquesta del Titanic hasta que el barco no se haya hundido definitivamente y desde aquí siempre tendrán aliento, respeto y comprensión. Porque si al final tenemos que hundirnos, que menos que hacerlo con reconocimiento y con una sonrisa. Ya buscaremos a alguien después para que dirija la película.

Mientras tanto urge encontrar no solo a personas capaces sino a personas que tengan esperanza para que, más allá del ritual del pacto, se puedan diseñar itinerarios verdaderamente flexibles dentro del sistema educativo, haciendo que estén conectados con la realidad, sin que los intereses y los privilegios adquiridos a lo largo de los años supongan barreras infranqueables. Todo debería ser negociable y ayudar a una construcción colectiva que tendría que plantear cesiones de muchas partes en muchas cuestiones. Nadie sabe más de educación que los profesionales. Puede. Pero los profesionales no educan solos hoy, por lo que también deberían estar en condiciones de poder exigir compromisos políticos y mediáticos, reconociendo el valor y la influencia formativa que tienen otras instancias,  sin tener que estar viendo todos los días fantasmas que, por lo demás, siempre han existido y siempre existirán. Es dificilísimo, sin duda. Parece más manejable si comenzamos a imaginarlo en el ámbito local, pero esa idea de búsqueda y de mostrar a las personas que tienen un poder real sobre lo que hacen en la vida debería ser universalizada. Si quieres aprender vas a poder hacerlo siempre. Ese debería ser el mensaje esencial del nuevo sistema educativo.

Las ideas sobre educación

A la hora de afrontar un pacto educativo, lo siguiente que necesitamos son ideas claras sobre lo que pensamos que debe ser la educación en el siglo XXI; qué debe conservarse, qué debe erradicarse, qué debe transformarse y cuándo, cómo y por quién debe ser hecho todo ello. Casi nada. Después, hay que aceptar un plan y dejarlo correr el tiempo suficiente hasta que llegue el momento de evaluar su impacto y resultados a nivel social y cultural. Sin embargo parece que siempre nos encontramos en el punto de partida y que solo tenemos clara una cosa: las ideas sobre la educación han acabado por ser como los culos, ya que todo el mundo tiene la suya. Eso no sería especialmente grave si estuviéramos por llegar a algún lugar común en el que aposentar nuestras pedagógicas posaderas, y es por la carencia de ese lugar común por lo que se convierte en algo especialmente grave.

La actualidad nos dice que pese al cambio climático sigue sin llover a gusto de todos en lo que a pactos educativos de refiere. La frontera del año 2020 como momento de entrada en vigor de la nueva normativa añade ese toque de incertidumbre que requiere toda realidad contemporánea que se precie. A unos les preocupan las ausencias y presencias de determinadas cuestiones. A los docentes, últimamente, parece que el hecho de que se cargue contra el cuerpo de manera más o menos velada, aunque si esta búsqueda de la excelencia viene acompañada de una meritocracia más efectiva -empezando por los puestos de la administración pública que tienen relación directa con la gestión, planificación y seguimiento de las iniciativas educativas- y ligada a mejoras salariales igual empezamos a pensar que las voces autorizadas para dialogar sobre el pacto no han venido solo a hablar de sus libros. En cualquier caso, revisen tranquilamente este último enlace para que puedan poner nombre y rostro a todos sus fantasmas, que siempre es bueno saber por qué podemos tener pesadillas y por qué debemos soportar pelmazos. A mí lo único que me chirría al profundizar en el calendario de comparecencias es que no haya ninguna figura que tenga una clara relación directa con los medios de comunicación o con la cultura mediática. El resto del equipo me parece que trae un poco de aquí y otro poco de allá, que es lo que suele pasar en las sociedades democráticas. Sí me agradó descubrir entre los comparecientes a Mariano Fernández Enguita, que siempre me ha parecido una persona muy razonable.

Abandonando el mito

Dos cosas habrá que tomar en consideración cuando ya tengamos claro el aspecto del pacto educativo y tenga lugar su presentación en sociedad. La primera es que podamos sentarnos a echar cuentas sobre cuánto vale. Mejor dotar al máximo económicamente el arranque del proyecto y luego ir balanceando según resultados y sosteniendo la inversión en el tiempo. La segunda, que se estipule un calendario razonable de evaluación de iniciativas, dejando tiempo suficiente para que puedan tener efectos en diferentes ámbitos. No habiendo entrado en juego hasta el momento -insisto en que no entiendo por qué-, el papel de los medios será importante en este sentido. No hagamos que por unas razones u otras este pacto educativo nazca muerto, ni por miedo a la inversión ni por temor al cambio. Pongan sus medios al servicio de ello, propongan otros modelos, den voz a todos esos quijotes y quijotesas que se deben a su vocación de manera humilde y perseverante. Hablen también de todo lo bueno que sucede a diario en nuestros centros educativos, porque el pacto al final no es más que un momento en un noticiero, y el cambio en educación se construye todos los días. Se está construyendo ahora mismo.  Ayúdennos a contarlo.

El simulacro escolar

Tradicionalmente siempre se ha dicho aquello de que cada maestrillo tiene su librillo, a lo que habría que añadir que una vez que alcanza una cierta maestría en su maestrazgo quizás llega el momento de conocer otros librillos o de convertirse en rumiantes de los pasillos y las redes. Si nos decidimos positivamente, surgen las libertades de lectura y de relectura, los planes personalizados y las profecías alfabetizadas compartidas por nuestros allegados y compatriotas de profesión. Pero por simplificar, os contaré lo que hago yo: no atiborrarme y leer libros que no tienen por qué estar directamente conectados con la educación. La lectura tiene una cosa muy buena que sigue resistiendo al paso del tiempo, y es que por mucho que corran las modas y el pensamiento te permite instalarte en cualquier época y encontrar conexiones entre tesis, acontecimientos, hechos, personajes e historias; entre lo que desconocíamos y lo que creemos que sabemos. Y tiene otra cosa que es mejor todavía: cuando leemos estamos calladitos y escuchando.

Jean Baudrillard fue un filósofo, sociólogo y escritor francés al que no recuerdo ahora mismo cómo llegué, pero al que me gusta escuchar tanto por lo que dice como por la manera en la que lo dice. Para mí tiene un poco de poeta, otro poco de prestidigitador y un poso de tragedia objetiva tranquila que nos lleva más allá de la realidad -subiendo la escalera de Wittgenstein, hacia la izquierda, creo-, entrando en el territorio de una hiperrealidad en la que el prefijo nos recuerda a otro sinfin de postmodernidades actuales o incipientes que tienen como catalizadores la globalización, la tecnología y las grandes incertidumbres que generan en tantos ámbitos. Por supuesto, la escuela no queda al margen de todo ello y de hecho vamos a conectarla con un extracto de su libro “Cultura y simulacro”,(1978) que dice así:

Lo que disimula la escuela

De un modo u otro parece claro que la institución escolar disimula muy bien algunos de sus problemas mientras pequeños sectores de cada una de las capas que componen la cebolla educativa se limpian las lágrimas y tratan de adaptarse a los tiempos y a las necesidades de los individuos, las sociedades y las maquinarias económicas. Cuando parece que estamos a punto de salir del universo de las competencias para ir no se sabe muy bien dónde, la inercia hace que este disimular se aproxime cada vez más peligrosamente a la simulación. Pero no vamos a correr tanto, ni siquiera si estuviera dándose ya el caso a mayor o menor escala, desde las programaciones, las evaluaciones internacionales de sistemas educativos o cualquier otro constructo que no fuera realmente como lo presentamos en la cara A de nuestro marketing educativo.

Disimular es a veces una cuestión de supervivencia. Hay que ganar tiempo para revertir situaciones, indicadores y transformar contextos. Un gran choque anímico y existencial que tenemos los docentes creo que proviene justamente de ahí, de que queremos ir tan rápido como van la tecnología y el debate sobre la sostenibilidad de los ecosistemas económicos y naturales para poder hacer posible la transformación de unos entornos y personas que no son máquinas; que no pueden tener una respuesta tan vertiginosa y adaptada como imaginamos o deseamos. Puede que lo disimulemos muy bien, pero supongo que a veces se nos nota. Bastaría para ello consultar una parte del documento publicado por PwC bajo el título Workforce of the future.The competing forces shaping 2030 ¿Están las instituciones educativas trabajando en alguna dirección que se parezca a la que se entrevé en las siguientes respuestas?

Dando por hecho que nos falta mucha información sobre la muestra de esta encuesta y reconociendo que a los números se les puede hacer decir lo que se quiera, lo cierto es que en las escuelas trabajamos un gran número de competencias que se asocian con los ítems presentes en este gráfico. ¿O no? Es más: todos quisiéramos que nuestros hijos tuvieran adaptabilidad y resiliencia, estuvieran capacitados para resolver problemas y  trabajar colaborativamente, hicieran gala de una inteligencia emocional balanceada que les permitiera ser asertivos y compasivos, etc… ¿O no? Independientemente de que las personas acaben desempeñando unos trabajos u otros -y no hablo de pluriempleo sino de desarrollo profesional a lo largo de la vida-, ¿no estamos ante una serie de destrezas que quisiéramos que las personas tuvieran para enfrentarse a los grandes retos individuales y colectivos de las próximas décadas? La escuela como cebolla educativa e hipermediática, con todas sus capas y nodos, puede asumir su responsabilidad en la impresión que causa en la realidad o seguir disimulando, que no es negativo en sí mismo si se dirige a obtener ese tiempo que es necesario para que los vectores del cambio encuentren direcciones y sentidos para las personas. Porque como docentes nos preocupa, no piensen que no. Que las personas encuentren direcciones y sentidos para sus vidas es lo que más nos preocupa.

¿Y si estuviéramos simulando?

Que la escuela se encontrara viviendo en ese mundo paralelo que a veces le atribuímos sería casi como reconocer una de las paradojas más hilarantes sobre la que escribió Baudrillard, al hilo de la hiperrealidad, cuando asumía que Disneylandia era más real que los EEUU (“Disneylandia se halla ahí para ocultar que todo el país ‘real’, todo el Estados Unidos ‘real’ es Disneylandia”). Tranquilos. La docencia no está simulando. La escuela no es un parking para infantes. No está en red para figurar y para vender libros. Incentiva que sus profesionales se desarrollen. No tiene un horario de nueve a dos del que se desconecta al traspasar sus límites físicos. El profesorado no prueba nuevas metodologías porque sean la moda y le ayuden a tener más presencia social en red. No habla mal de los compañeros, ni los categoriza. La escuela es diversa y abierta. No es un parque de atracciones sino una institución necesaria, seria, histórica y comprometida con su esencia como motor de progreso y construccion de un futuro mejor para la humanidad.

Hagámonos la pregunta. ¿Estará una parte de la escuela fingiendo tener algo que no tiene mientras que la otra parte disimula sus problemas y lucha para seguir hacia delante? ¿Cuántos nos creemos nuestro trabajo? No digo el de Pepe, el de Teresa… Digo el nuestro, el tuyo ¿Tú te crees tu trabajo? Porque lo que creas y transmitas es lo más importante y puede marcar mucho la diferencia. Y esto, al fin, es lo más real de todo.

 

Recortes:
“Cultura y simulacro”, J.Baudrillard (1978). p. 8 (Capturado en Scribd) Ed. Kairós, Barcelona (1978)
Workforce of the future. The competing forces shaping 2030. (PDF p.35) PwC (2017)

 

Ficciones publicitarias realizadas por especialistas

Seguramente lo habrán leído de manera fugaz en anuncios de automóviles que hacen cosas espectaculares: ficción publicitaria realizada por especialistas. Es un mensaje muy esperanzador porque hace que pensemos que aunque no vayamos a tener jamás ese coche tan voluptuoso (siempre podemos tener otro que sea sexy a su manera, que la voluptuosidad también tiene capas) , la persona que se haga con él tampoco va a estar haciendo esas cosas tan estéticas y emocionantes, porque puede que sea asquerosamente rica pero no es una especialista al volante. Jejejeje… Igual lo intenta y lo abollaNo hay envidia susceptible de no empeorar con el paso del tiempo y la pérdida progresiva de cualquier atisbo de control personal sobre nuestras vidas.

Siendo una frase sensacional, me parece un despilfarro limitar su uso a este tipo de emisiones breves y centradas en temas tan específicos.  Su impronta de autenticidad y su carácter preventivo están fuera de toda duda. ¿Por qué impedir que el personal disfrute al máximo de cada momento de visionado mediático y sepa a qué atenerse? ¿Por qué no sacamos  partido de los momentos sagrados en los que todavía no hemos metido masajes publicitarios? También deberían ponerlo a la hora de las noticias, durante la navegación por internet, como pie pesado que acompañara al de las cookies, que ya es casi como de la familia. Por supuesto,  en los días en los que en aras de la transparencia y el interés general las televisiones conectaran con el pleno del parlamento… Señorías, guarden silencio… Y debajo el rotulito, y hasta la intérprete de LSE recordándolo para todo el mundo, por si lo sobreimpresionan tan pequeñito y rápido -como suelen hacer en los anuncios de automóviles-, que no da tiempo a leerlo; porque en los locutores, ciertamente, ya no se puede confiar.

El siguiente paso sería el que todos estamos esperando. Saldría el Puigdemont de turno explicando por qué Copérnico estaba equivocado, y al lado del recordatorio del que hablamos aparecería una tira tipo breaking news: “Viajes Sisebuto. Le sacamos del país en un minuto”. O bien, presidentes, portavoces, correligionarios y diputados con 128 MB de RAM, explicando cosas… Bueno no, más bien ejerciendo como lo que son: especialistas en ficciones publicitarias. Y rótulos de toda clase: “Chorizos Brey. Repiten, pero por eso te gustan”, “Chaquetas Sánchez. Distínguete a cada momento del día”, “Croquetas Rivera. Ya puedes irte de casa” o “Eau de toilette Iglesias. La fragancia del pueblo”. No me digan que no tendría potencial la cosa.

¿Cuándo cambió todo? Puede que siempre haya sido así pero tanto el número de especialistas como nuestra capacidad para ver y conocer nos hayan traido hasta el momento en el que nos encontramos. También “House of cards” ha ayudado, por supuesto, por mucho que otros se hayan empecinado con “Juego de tronos”. Es una pena que este mundo vertiginoso pretenda liquidar tan rápido las ventajas del anonimato, cuando ser de dominio público se ha vuelto casi una garantía de que el personaje no tiene término medio. Quizás porque ya no es personaje ni persona a esas horas en las que nos damos al plasma. En ese momento no es más que un especialista realizando ficciones publicitarias.

Imagen: Remix sobre “Vieja cámara de película sobre fondo blanco”, de dominio público y alojada en http://www.publicdomainpictures.net/view-image.php?image=159149&picture=camara-vieja-de-la-pelicula-en-un-blanco