La sustancia negativa

 

Hace muchos días que tenía este título puesto para escribir una entrada sobre la negatividad y sus efectos en los procesos cotidianos. Ahora que parece que me decido a abordarla me doy cuenta de que no es hoy un día especialmente negativo para mí -en absoluto-, pero reconozco que sí ha habido altibajos últimamente. Fruslerías grises. Idioteces con canas. Atasquitos y morralla. Y han merecido la pena, como cantaba Jota en singular.

Dice la Wikipedia, sobre el sesgo de negatividad y sobre el concepto de diferenciación negativa, que “la investigación indica que el vocabulario negativo es más rico describiendo experiencias afectivas que el positivo” (Guido Peeters, 1971), lo que tampoco debería resultar sorprendente, aunque normalmente optemos por la supervivencia en lugar de por escribir poemas y canciones para aprovecharnos de ello. La gente triste llama nuestra atención, y a la gente feliz le deseamos que esté triste, que se tuerza un pie o, simplemente, pensamos que nos lo toca con su lozano equilibrio impostado. La de agujeros que habría en la historia del arte si todo hubiera sido positividad. Qué habría sido de The Cure si todo hubiesen sido enamoramientos los viernes.

Los días bajos

He conseguido llegar hasta aquí, que es bastante más de lo que tenía cuando empecé con esta idea. Ahora es temprano, jueves, y esta mañana he pensado que el ser humano pierde la fe cuando tiene que madrugar sin un motivo egoísta. Mientras me lavaba los dientes, he notado que habría que ser bastante imbécil para, siendo egoísta, levantarte de la cama. Un egoísta puro se queda acostado en la cama, tan pancho, si importar lo que haya que hacer. Pero en lugar de eso, nos echamos a la carretera con nuestro rictus  tratando de meter de segunda. Y esta es la verdadera razón que siempre hemos querido saber sobre cómo se generan los atascos (no lean el artículo enlazado porque es mentira; la verdad les acaba de ser revelada hace unos renglones).

Una vez alguien contaba alrededor de unas copas de vino que su abuelo republicano un buen día decidió quedarse metido en la cama para siempre. No estaba enfermo. No estaba triste. ¿Le daría una ataque de lucidez? Quién sabe. Creo que lo único cierto de aquel episodio fueron las copas de vino y que, a lo mejor, el abuelo o la nieta habían visto alguna película de Michel Piccoli que les había causado jonda impresión. Cuando no tiene uno una vida interesante, la mejor forma de llamar la atención es inventársela y, desde luego, cuando se trata de encontrar una razón para salir de la cama por la mañana rige exactamente la misma regla.

Hipótesis

No sé de qué estamos hechos. Supongo que de elementos que se rigen por cuestiones cualitativas y cuantitativas. No sé si un dedo sigue siendo parte de mi yo aunque me lo arranque un cocodrilo. Parece que le pertenece en cualquier caso a mi cerebro, independientemente de donde el dedo esté, transformado en colágeno o lo que sea que necesiten los reptiles para mantener el cutis fantástico pese a las turbiedades fluviales.

Puede que los cuerpos y las mentes no sean más que mezclas variables de sustancias positivas y negativas, que en último término parece lo más lógico para que la existencia se desarrolle de manera equilibrada, entre desequilibrio y desequilibrio, entre pamplina y ladrido, entre orgasmo y depresión. Encuentra, pues, tu sustancia negativa y aprende de ella, porque irá siempre contigo. Es parte de ti.

Imagen: Mask of negativity, by Bart (2009) CC BY NC 2.0
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Profes que se tiran pedos

Pedo de neón

Coger un metro y comprobar que el hombre es la medida de todas las cosas es un viaje que, siguiendo la línea de las redes sociales, se ha convertido casi en “El mundo que ella deseaba”, aquel relato de Philip K. Dick en el que Allison acaba siendo expulsada del que creía su mundo por Larry Webster (machismo sci-fi). La historia corta, por lo demás, apunta a otros sitios más recientemente televisados por Amazon, corporación que ya adelantó el propio Dick en otro de sus cuentos… Un visionario, que es lo que no ha habido en el rock and roll desde que Jim Morrison tirara su vida por una bañera (esto sería machismo floridano con plumas de indio).¿Nos dejará la ciencia sin visionarios?

Gente con visión es lo que necesitamos recuperar para el mundo educativo -vamos a centrarnos aquí ya- en estos tiempos teatralizados en todas partes, con “Todo es política” en el encabezamiento y esos claustros y reuniones que, si se grabaran en vídeo, mostrarían que muchas más veces de las que nos imaginamos son dedicadas a justificar nuestro trabajo ante los demás y a que ellos hagan lo propio ante nosotros, que a construir o siquiera imaginar o visualizar escenarios alternativos. No es que haya que irse a dar clase a Alfa-Centauri, ni volver a la cueva de los mamotretos: con que sólo nos ajustáramos a la realidad que se vive en cada contexto (mundo) ya estaríamos dando un paso de gigante. ¿Y ése cuál es? ¿El de Allison o el de Larry Brewster? Quizás un poco del de ambos.

Cuando caerse desde los hombros es caerse desde muy alto

Se cuenta que le dijo por carta Isaac Newton a Robert Hooke: “If I saw further than other men, it was because I stood on the shoulders of giants”. Esta frase con el paso del tiempo se ha interpretado como una fórmula para reconocer que lo lejos que ha llegado uno en un asunto determinado se debe a que ha podido apoyarse en la sabiduría y logros de aquellos que le precedieron (también hay una interpretación más ácida de la sentencia en el artículo enlazado). Agradecimiento, trabajo en equipo, ciencia y dedicación temporal, recogida de testigos. Respeto, escucha, construcción colectiva, empatía y reconocimiento público de lo bueno que tienen los demás. Objetividad. Alteridad. Juego limpio. Puede que sea preferible entre docentes disfrutar más a menudo de decirle a los demás lo que nos gusta de lo que hacen. Porque no puede ser que todo esté mal, sea falso, ingenuo, haga seguidismo neoliberal o provoque que un gatito llore en Singapur cada vez que alguien comparte su trabajo con ilusión en red.

Sin embargo, ¿qué es lo que tenemos en la profesión docente? Una tropa dividida, vociferante y victimizada, como tantas otras, que del talegazo que se ha metido no es más que capaz de hablar de su mundo y de su libro, además de cargar contra cualquier otro libro y mundo. Un tribunal de la innovación, que decide con toneladas de objetividad qué es y qué no es innovación; contraponiendo a ello su propia teoría de la innovación, que no se sabe exactamente si es organización escolar o ideario político -insisto: cuánto daño ha hecho ese casi refranito que es “Todo es política”- Un ideal estiradísimo hasta tal punto que trasciende la misma teoría de la relatividad. Un montón de pequeños mundos que se quieren imponer a nivel global. Una plétora de profes que se tiran pedos que suponen inodoros y sueñan con reescribir pedagógicamente “La historia interminable” para que su reino, como el de los pequeños dioses del pasado, no tenga fin.

Con todo, profes que se tiran pedos, siempre en mi equipo, que hace falta diversidad en la escuela y  que, por ejemplo, los claustros a veces duren lo que tienen que durar. Sobre todo en invierno.

 

Imagen: Fart, de Per Olesen (2009) CC BY-SA 2.0

Hoy va a hacer calor

Hoy va a hacer calor aunque esta brisa igualitaria trate de desmentirlo. A lo lejos las barcas y los veleros trazan triángulos intentando detectar en qué parte del fondo marino está ese trozo de divertimento que perdieron el otro día, mientras el mar de poniente lamía embrutecido los tobillos de sus propietarios tambaleantes. Afortunados los agentes aduaneros que siempre saben  hacia dónde van.

Las golondrinas se pasean despreocupadas porque el calor no les pilla nunca desprevenidas. Las chimeneas y respiraderos, en cambio, se lamentan porque nadie pensó jamás en hacerlos menguantes a voluntad. Siempre parece que están a punto de decirse algo interesante, erguidas y orgullosas como los parlamentarios que esperan que les den las vacaciones. Todo el mundo se cansa, de lo suyo y de lo de los demás. Y mientras tanto respira y, si se puede, enciende fuegos en invierno para poder disfrutar de la destrucción controlada y el calor absorbido. Ya en verano volverá a recordar cuánto es lo que de verdad le sobra.

Un poco más abajo, los toldos hacen el calamar, más o menos agradecidos a sus dueños y sus artrosis. Es un buen negocio el de los toldos. Como casi todos, para haberlo pillado a tiempo. La sombra siempre ha sido y será agradecida, a falta de lo que se escriba en planetas que tengan otros ciclos. Suele decirse que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Podríamos terminar con la asimetría sentenciando que, en cualquier caso, delante o encima de ellos hay en todo caso un gran toldo. Conque disolviendo la tinta que no nos deja ver, queda de manifiesto lo verdaderamente importante, que puede ser más que nada lo que hay en el fondo del mar.

Y al fin, la piscina. Por allí abajo andará, ganándose la confianza de la concurrencia sudorosa. No puede dejarse a las piscinas solas, por eso es en realidad que se contratan socorristas, porque son las personas que mejor las conocen, aunque muchas veces no les echen cuentas, tan pendientes de los bañadores femeninos y de los niños. Cuántas estadísticas nos quedan por hacer. Como la de hoy, que según parece, va a hacer calor.

Las escuelas difíciles son el paraíso (II)

Los monstruos más grandes y que más miedo dan no son otros que los que no conocemos, como los dramas se entienden y aceptan mejor cuando se convive con ellos y un buen día se prueba a dar un paso hacia delante o hacia un lado, para poder ver qué hay detrás del bicho o si quiera poder recordarlo (hay un paisaje, hay personas, hay espejos y caminos sembrados de incertidumbre…) Por lejana que esté la victoria o cercano que esté el fin, no podemos olvidar el lugar donde empiezan todas las cosas -que es aquí dentro- y tratar de recordarlo todos los días y hasta el último instante, porque es algo que se olvida con la facilidad y el desparrame orgánico que nos procuran las tecnologías.

Todo ello apareció claramente para mí después de encontrarme el otro día este tuit de José Manuel de Oña:

Las personas que aparecen en una de las imágenes del tuit son personas que trabajan en un territorio y una escuela difíciles. Con algunas de ellas hemos pasado muchas horas este año, enfrentando las situaciones educativas más diversas y consiguiendo pequeñas victorias sonrientes para muchos niños y niñas de La Corta. Mucho de ello se canaliza a través de lo que se lee en esa pizarra blanca que también podéis leer al consultar el tuit. Como ya tuve la suerte durante el año de poder escuchar y hablar un rato con José Manuel de Oña (durante una actividad desarrollada por el CFGS de Integración Social del IES Sierra Bermeja), he copiado aquí el texto para que os sea cómodo leerlo y llevároslo a cualquier parte para reflexionar al respecto, porque creo que aporta claves muy importantes para vivir y hacer vivir mejor la educación, ya sea en escuelas difíciles, en entornos complicados o en cualquier parte:

EDUCACIÓN

Recordar siempre a los protagonistas

Búsqueda continua/flexibilidad

¿A quién me debo? —>¿Quién soy?

Desprendernos a diario de etiquetas

Asumir la impotencia

Encontrar distancia educativa

 

CONEXIÓN PERSONAL <—>SOCIAL

Ser significativos

Ser pequeño—>asimétrico, estructura

Ser y dejar ser

Fomento de autocrítica

 

FUTURO (ESPERANZA)

Reinventarse/nos

No tirar la toalla

Dar/se/nos oportunidades

Pensar presente

Trabajo en Red—>Oportunidad

 

Guardad tiempo este verano, docentes, para pensar en todo ello y hablad al respecto con otras personas, y escuchad lo que tengan que decir. Eso creo que es lo más importante que he aprendido este año. Ha tenido que ser aquí, en una escuela difícil. En un paraíso.

Las escuelas difíciles son el paraíso (I)

El ser humano busca la verdad desde hace milenios con más o menos acierto y desvarío, unas veces derramando conocimiento y otras compartiendo sangre. El universo educativo en su dimensión de red no está al margen de estás expediciones y batallas culturales, históricas, políticas y tecnológicas. Ya lo decía Torrebruno en su dialéctica canción: “…todos quieren ser los campeones”, porque aprender es un triunfo que sabe como pocos y enseñar es lo más parecido a la magia que hay. Y con esto, ya me estoy buscando la primera torta, pero, ¿acaso no necesita la magia de ciencia y de ilusión a ambos lados de la chistera? Algún día desaparecerán los maestros, borrados por la conectividad y la inmediatez de transferencia de información entre cerebros y fuentes de paquetes de contenidos en diferentes formatos. Después de que eso suceda sólo nos quedará la magia y puede que, al fin, comprendamos que éstos y los próximos 25-50 años no serán más que los años de la desaparición de muchísimas cosas, incluida la educación tal y como la conocimos y la impartimos actualmente.

Capas educativas, exhibicionismo y reserva

Pese a que llevamos a la humanidad en la piel, según dijo aproximadamente McLuhan, y que los medios nos permiten estar virtualmente en cualquier momento y en cualquier lugar del planeta, tanto para maravillarnos como para vomitar, creo que es claro que el mundo está dividido en más capas que nunca y que éstas se pueden manipular con la misma indolencia y sencillez de manejo que nos ofrecería cualquier programa de edición de imágenes. Ahora quito, ahora pongo, ahora superpongo… Transparencia, opacidad, desenfoque gaussiano…

Entre todo este “ver” y “querer ver”, en las redes de educación por supuesto que además estamos encantados con que nos vean. Lo que nos descubre otras dos subcapas dentro de cada capa, si se quiere mucho más tradicionales: la de los exhibicionistas y la de los  reservados, acompañados de una serie de valores otorgados de manera aleatoria y subjetiva. Ni el educador exhibicionista tiene por qué ser un mercachifle ni el reservado tiene que estar ocultando algo (libros de texto, copipasteos, exámenes, tradición, programaciones en ComicSans, etc…). Hay de todo. Encantados de llamarse filibusteros, enarboladores de banderas, embanderadores de árboles, embusteros, gente que estaría bien en la política, gente que quedaría mal en Youtube… Capas, capas, capas y, de vez en cuando, algún superhéroe. Pero siempre adscrito a algún bando, anuncio, retahíla, argumentario o agujero de gusano, en su acepción de ideario.

Contextos de piel de cebolla

Después de todo ese posicionamiento, están los lugares físicos donde todos acudimos a contemplar cómo las escuelas se derrumban un poquito más cada día. Aunque es cierto que  algunas no se derrumban, porque son tal escombro actualmente que  simplemente el hecho de poner una piedra sobre otra para construir un arriate es algo que se vuelve tan emocionante como realmente importante. Esto nos lleva más allá, y es lo que me parece más importante a la hora de decidir de qué está hecho lo que queda de la escuela y a qué huelen los claustros. Hay una película de fina invisibilidad que cubre las escuelas, rodeándolas para mantener ese status institucional que puede que ya ni se crean en las Delegaciones Territoriales de Educación. Esa piel de cebolla es la que compone el velamen de esta escuela virtual, la que nos recuerda lo lejos que a veces quedan unas capas de otras, y lo terriblemente auténtico que es trabajar en sitios que aglutinan contextos donde la alfabetización se detuvo hace décadas. El mundo está parado en tantos sitios que es una maravilla que aún siga produciéndose la sucesión de los días y las noches. Y puede que esos sitios sean los mejores para enseñar y aprender todo lo que como especie hemos olvidado.

Desde luego, nada impedirá que el programa se detenga en su ejecución, porque el ser humano nunca se ha detenido en su búsqueda de la luz, y no va a hacerlo ahora cuando todo parece tan hecho que oculta la enormidad que todavía nos queda por hacer. Pero es seguro que cualquiera que sea el escenario futuro en el que se desarrolle la educación, no hay mejores cosas que enseñar a  la sociedad que todo lo que se puede aprender cada día en las escuelas difíciles.

¿Matrix feminista?

El ejercicio de escuchar es algo cada vez más desplazado del panorama mediático, de la escuela y de la representación diaria de nuestras vidas. En los supuestos debates televisados, las voces se superponen en indigestas capas de lasaña barata de argumentos con tomate y un exceso atroz de carne picada. En la escuela mandamos callar para que en aula sólo se nos escuche a nosotros. En la vida cotidiana ignoramos de manera consciente a ciertos interlocutores, porque ya estamos cómodos con la cosmovisión que tenemos. Si podemos incluso aprovechamos para vituperarlos un poco, sobre todo si hay gente de nuestra cuerda delante. Es de un orgullo muy tonto esto último, un magnífico ejemplo de corrosión moral y comunitaria. ¿Qué demonios pretenderemos construir con semejante actitud hacia el que consideramos diferente a nosotros?

The red pill

Hace unos días vi en AmazonPrime el documental The red pill” de Cassie Jaye. El resumen del documental (no voy a contar de qué va por si no lo habéis visto, nada aparte del título de esta entrada, claro) es el de otros muchos de este tipo: la narradora es una  persona que escucha mientras otras hablan, y va contando un poco los cambios que se van produciendo en su manera de ver distintas cuestiones, empleando el recurso del videodiario. Lo curioso es que en muchas otras partes del metraje, lo que se ve son personas que se niegan a escuchar a otras, que impiden que hablen, que las ridiculizan, que las insultan y que pretenden invalidar argumentos (empleando otros ad hominem, por supuesto). Como suele decirse humorísticamente en internet: oh, baya, no me lo esperava… 

Esta manera de proceder está instalada en la calle desde hace mucho tiempo y, saliendo ahora un ratito por la tangente, ahora nos ha dado por pensar que alguien está haciendo probaturas con nosotros. Me inclino por pensar que en España tenemos la mayor proporción de seres formidables por kilómetro cuadrado. Parafraseando inclusivamente a Baudrillard, si EEUU es Disneylandia, España es el País de Nunca Jamás. Naturalmente, esto incluye tanto a mujeres como a hombres que se otorgan y retiran alternativamente el derecho a hablar y ser escuchados. Luego no me parece nada extraño que haya tanto preadolescente que desee con toda su alma y mente ser youtuber; ya ve qué es lo que le espera cuando sea mayor.

Los datos y los datos

Además de todo ese ruido intencionado -por si se pensaba que sólo los silencios pueden ser incómodos-, a lo largo del documental se ofrecen una serie de datos objetivos que cumplen a la perfección su función, ofreciendo un panorama más amplio y lleno de matices, lo que contribuye de manera más justa a dimensionar adecuadamente cualquier problema. Y en este punto, como en otros muchos del firmamento informativo, necesitamos cada vez más luz, más voces y menos dogmas y venganzas históricas.

A los datos, como es bien sabido, se les puede hacer decir lo que se quiera decir. Por encima de ello, los datos pueden ser verdaderos y falsos, estar o no conectados con la realidad. Pero una de las peores prácticas relacionada con ellos creo que es la ocultación. Construir realidades a partir de ella es una forma de manipulación especialmente en boga en la actualidad, que resulta deleznable cuando se emplea para justificar acciones sobre las personas que simplemente se acometen bajo el prisma del “algo habrán hecho”. No quiero imaginarme lo que dará de sí el big data si se aplica con esta alegría disparadora de eventos, y creo que es importante poner el foco ahí, sobre todo si nos negamos a terminar de creer que detrás de todos los movimientos de cambio social e inclusión de las personas lo único que hay es el pragmatismo del dinero.

Vean “The red pill”, si es que no lo han visto ya, que uno arrastra siempre el estigma del tiempo, desde mucho antes del advenimiento definitivo de la pantalla total. Vean el documental y piensen lo que quieran al respecto. No impidan a la gente hablar y expresarse. Escuchen, y luego compartan o no. Pero escuchen.

La magia de la manipulación

Sigan la flecha.

En estos tiempos de alegría y fugacidad puede que sea importante reconocer que, ya que vamos a ser manipulados igualmente, lo mejor es que nos mangoneen las personas en las que confiamos -de un modo u otro-, de manera ciega y empática, como hacen los amantes del BDSM. Palabra de seguridad: democracia.

Es lo que nos gusta, es por lo que nos pirramos. Queremos que nos hagan sentir libres, inteligentes, igualitarios, inclusivos, sexys y divertidos. Queremos estar en el lado de la verdad y el bien, de manera inequívoca, 24/7. Y luego que ya le vayan dando por saco a todo y a todos los no tienen ese fulgor que tenemos nosotros en las pupilas, directamente irradiado desde nuestro bulbo raquídeo. Nuestros corazones no laten, centellean. Más vale que estés conmigo. Si te tengo que manipular un poquito para ello, lo haré con cuidado, con mimo, para que puedas tener un recuerdo hermoso e imborrable de la primera vez que te lo hicieron.

Así que relájate y sigue la flecha.

¿Chomsky?

Creo que la primera vez que oí hablar sobre Chomsky fue en las clases de Lengua de mi primer curso universitario. “Gramática generativa transformacional” (a las palabras se les puede hacer decir lo que se quiera)… Luego , mucho más, mediáticamente hablando, intentando poner luz y verdad, aquí y allá. La disidencia. Ayer, buscando manipulaciones sobre la manipulación, esta bonita secuencia:

Sinceramente, hubiera preferido que estas diez estrategias concretas las hubiera pergeñado Chomsky de esta manera tan simple, aunque tiene otras. El norteamericano es más culto, es más famoso, es más achuchable como viejecito de izquierdas con la vista ya demasiado cansada de contemplar las estructuras que hay por debajo del mundo aparente. Pero no. Las escribió este tal Sylvain Timsit que parece tomarse todo a chufla en la foto que acompaña.

Porque todo se basa en la confianza, incluida la manipulación, es por lo que a veces también comentemos errores y no somos lo suficientemente críticos con las personas que nos gustan, o que dicen cosas que nos gustan. Solemos mostrarnos algo más espabilados cuándo queremos hacer notar que nos están diciendo lo que queremos escuchar o nos están ocultando algo. La trayectoria de la persona, la ciencia de sus ideas, su compromiso, la objetividad de su mirada al mundo, etc… son lo que hace que Chomsky genere más confianza y Timsit probablemente menos (cuanto más lean el site de este último, más tendrán esa sonrisita que tiene él en la imagen vista en el anterior enlace). Pese a todo, estamos más dispuestos a creer lo que queremos creer y a las personas que queremos creer, lo que aproximadamente puede reconocerse como razonamiento motivado y es, qué duda cabe, una gran noticia para los ex-lectores de El País.

Dicho lo cual, sigan la flecha.

Un hombre llamado Marshall

Cuando uno escucha la palabra “marshall” puede pensar en un poli norteamericano malencarado, en un amplificador de origen inglés para guitarra eléctrica o, si ha tenido un poco de suerte, en un canadiense lúcido que desgraciadamente hace ya años que nos dejó aquí solos con la tele puesta. Casi 40 años ya con la tele puesta, desde entonces, sin haber tenido la oportunidad de ver cómo los medios van ya con nosotros a todas partes, pero habiéndonos legado la comprensión de lo esencial: los medios son una extensión de nosotros mismos.

Allá donde exista una imagen existe una posibilidad de manipulación. Allá donde exista una imagen existe una posibilidad de juicio que trasciende la palabra escrita. El gesto repetido mil veces, el penalty, el accidente, la agresión, el paternalismo… hacia delante y hacia atrás, a cámara superlenta… En cierto modo yacemos con todas esas imágenes y nos revolcamos con ellas cada vez más rápido, en una especie de promiscuidad mediática en la que además al final tenemos que elegir si queremos más a mamá o a papá. En esta libertad del poder y querer ver se encierra también nuestra esclavitud, al igual que en la excitación visual se palpa también el hastío contemplativo de los paisajes cotidianos. Nuestra vida en imágenes. Nuestra historia. Siempre habrá tiempo para aprender algún truco de magia.

Pero mientras tanto, sigan la flecha.

Málaga suicida

Leo esta mañana que el suicidio se ha convertido en la primera causa de muerte violenta en la provincia de Málaga, sin considerar que pueda haber algún tipo de dulzura o tranquilidad en el desenlace pero, a fin de cuentas, dejando claro que aumenta el número de personas que escalan las montañas de la locura y cuando llegan a la cumbre se deciden a engordar la estadística, con esa sonrisa del destino que a veces te venden como idea de la felicidad. Estos suicidas iconoclastas…

Se produce una interesante paradoja aquí. Cuando la ciudad parece que está alcanzando unas grandes cotas de europeísmo y el capitalismo artístico se derrama a borbotones, cuando el malagueño vuela alto como si estuviera  bajo el efecto del pajarete en un día canicular; cuando se está cumpliendo en el centro urbano, punto por punto, el modelo de ciudad estetizada del que hablaba Lipovetsky… pues resulta que el personal se siente más solo que nunca, que la ociosidad forzosa se lleva cada vez peor y la solución final parece más atractiva que una vida que se ha vaciado tanto que te aplasta con el infinito tonelaje de la desesperación.

En los planos provincial y nacional,- si es que siguen perteneciendo a la realidad-, quizás nos esté empezando a llegar la onda expansiva del truculento triángulo de los suicidas, y se mantiene una gran presencia de municipios andaluces, exagerados hasta para quitarse la vida, pero sin hacer muchos aspavientos ya que la modesta soga sigue siendo el artificio favorito de los autofinados.

Dentro de la preocupación que pueda causar, esperemos que Málaga siga siendo “la bella” antes que  “la suicida”, aunque esa belleza esté cada vez más dura desde el río hacia el oeste en la capital, y en otras muchas zonas de la provincia pueda pasar inadvertida por el vaivén del Mediterráneo,  los reflejos encalados y las fragancias de monte que a veces enmascaran las lágrimas nocturnas. Y que no venga ningún político a decir que el suicidio es muy andaluz, no vaya a ser que lo acaben subvencionando.

Así que, querido amigo, si estás como para pegarte un tiro, pregúntate justo antes si todavía no queda en el mundo nada que te haga reír. Y, después, haz lo que tengas que hacer.

 

Imagen: CC0

La verdad del huevo frito

Cuesta convencerse cada vez más sobre la entidad y realidad de cualquier acontecimiento u objetivo cuyo desarrollo lleve aparejado un pacto relativamente largo con el paso del tiempo, como si el reloj de la empatía mostrara su esfera turbia en una mañana de tremenda resaca de egotismo. Pareciera que necesitáramos algo más cercano y tangible de cara al futuro que el planeta -me refiero a la Tierra y no a Marte-, la jubilación o la conciencia repentina de que nuestros hijos van a vivir peor que nosotros, aunque habría que definir con respecto a qué, no vaya a ser que pensemos que el Nagant lleva más balas de las que le hemos puesto.

La idea, la percepción y la sensación de la pantomima social siempre han sido cuestiones que me han resultado atractivas. Hoy en día sucede además que por amplificación mediática la teatralización de la vida alcanza cotas tan delirantes como, por ejemplo, que se afirmen y se pronuncien frases simplemente para ver qué sucede, como si fuéramos niños desafiando a nuestros papás (más actores). Existe un amplio catálogo de absurdidades más, pero hay que reconocer que ante cualquier banalidad social es tremendamente divertido imaginar alternativas sobre la marcha que nacen del reconocimiento fugaz e instantáneo de que en este momento estamos actuando de un determinado modo o incluso sobreractuando (imagen mental: Rob Gordon fantaseando sobre las posibilidades durante el encuentro con Ray en la tienda). Y me parece bien. Somos libres hasta para la tontería y desde luego somos más divertidos que los monos del zoo y, generalmente, lo somos de manera gratuita e inconscientemente altruista.

Quizás uno de los grandes avances en cuanto a la implementación del panóptico en nuestras vidas sea la incierta seguridad que tenemos sobre el control de nuestra privacidad a través de la configuración y uso que hacemos de nuestros dispositivos móviles  de vigilancia, comunicación y expresión, no siendo tanto lo que podemos hacer con ellos como lo que efectivamente hacemos cuando los empleamos. Y aquí también tenemos otro poco más de interpretación del “sé tú mismo” que se hace a la mar y termina en alguna isla desierta intentando sacar un reflejo de nosotros mismos en una roca golpeada lánguidamente por el mar. ¿En qué momento dejamos de ser reconocibles? Ya se nos ha olvidado. Pero sin duda, seguimos siendo nosotros. Lo creo firmemente la mayor parte del tiempo, aunque a veces escucho el rumor de las olas y cuando recuerdo pasarme la punta de la lengua por los labios los encuentro secos como si llevara toda la vida enmimismado.

No obstante, siempre tenemos la oportunidad de retornar. Cocina, huevo, sartén y aceite de oliva. Lo que de ahí salga podemos decir que es auténtico, aunque a veces esa yema que se rompe nos haga pensar en el drama de la vida y aceptar que el azar es la sal de la vida. Acabemos con todo lo demás, si verdaderamente nos place, pero respetemos al menos eso.

Creatividad en red: con gente, siempre mejor

No voy a buscar los datos temporales concretos, porque tampoco creo que tengan un valor determinante para escribir hoy y tratar de hablar sobre creatividad. Cuándo empecé a sentirme creativo no tiene mucha importancia, o al menos no tanta como la que tiene haberme dado cuenta definitivamente durante las últimas semanas de que la creatividad, si no es con gente y para la gente, no puede llamarse así. En ese espacio-tiempo es otra cosa, fugaz, placentera, egoísta… Algo que se difumina y que sólo recuerdas tú… Y bastantes recuerdos tenemos ya para alimentar más ese inmovilismo al que pueden llevarnos, impidiendo que encontremos nuevos lugares, nuevas expresiones, nuevas formas de hacer, comprender y comunicar y, sobre todo, nuevas personas con las que compartir toda esa fugacidad, todo ese placer absurdo, todo eso que hace que nos acordemos un ratito de que somos humanos. Puede que hoy sea el día en que empiece a ser verdaderamente creativo, aunque la sensación que siento ahora no me sea desconocida y me haya hecho decirle a un amigo: “Hoy, a escribir”.

Termina el curso de #CREA_INTEF y los nombres, obras, palabras, artefactos, despedidas, bienvenidas, risas, envíos, seriedades, trámites, hallazgos, emociones… desfilan haciendo arabescos en cualquier dirección. Le pido a Bonobo que las ordene un poco, pero con la boca cerrada, me dejo llevar.

Siento mucho agradecimiento, un bucle de agradecimiento, una catarata de tontería ocular que me dice dónde se encuentran situados los extremos de mis labios. Suspiro y vuelvo a ello, como Bill Evans volvía a su piano, que estaba a la vez dentro y fuera, diciéndole lo que era importante en aquel momento. Creo que Bill Evans no tocaba el piano, lo escuchaba. ¿Cuándo supo que lo hacía OK? El día en que se convenció de que pasara lo que pasara aquella música al ser escuchada establecería un puente indestructible entre él y las personas. Un puente eterno.

Hum. Esto ya lo he contado alguna vez. Pero necesito volver a contarlo para poder recordarlo y traer, aquí, de nuevo, esa emoción que no me es desconocida, esa emoción que desfila como vuestros nombres y los de vuestras cosas, en indefinidas rutas que puede que estén ya trazadas. Creo que es por eso que nos emocionan, porque las reconocemos en su sinsentido. Es como volver a ver una cara conocida que has tenido delante desde siempre. Es un bucle. Tanta precocupación tenemos por estar fuera del bucle… Pero si todo lo emocionante de la vida puede que esté, precisamente, dentro… No sé cómo será. No sé quiénes sois. Pero quería contároslo.

Todo nace aquí, en la cumbre de una montaña de desconocimiento, mientras andábamos a la búsqueda de alguna clase de conocimiento sobre la creatividad en la escuela…

Alguien propone…

Alguien recoge el guante unos días después…

Y que es por poner un incierto orden, pero se llega a #Nexus6Edu desde muchos sitios y, sobre todo, desde muchas personas. Somos las personas las que hacemos esto, mientras el mundo se destruye, se construye, se reconstruye o se deconstruye. Puedes ponerte a llorar si quieres, es una cosa muy humana. Llorar es un lujo proscrito. Puedes ponerte a reír. Es también una cosa muy humana. Reír es un placer cotidiano. La risa sobrevive a cualquier catástrofe. La risa permanece. O puedes hacer lo que te dé la gana: pedir ayuda para un proyecto educativo, ayudar a alguien que quiere aprender algo, contar una historia, leer un poema, decir que amas a alguien… La única condición que creo que podemos ponernos es ser creativos y querer serlo con las personas y para las personas

Me quedaré aquí, mientras, con mi bucle de agradecimiento. Haced lo que queráis al respecto. Es lo que debéis hacer. Pero mirad siempre a las personas. Tenemos mucho que aprender de ellas. Al menos hasta que llegue el puto final.